El Sadar alarga la fiesta

Osasuna se encarama al liderato con una nueva victoria apurada pero suficiente frente al Albacete de Martín Monreal, a la par que coge el pulso a la categoría con más argumentos.​

Afición durante el partido Osasuna-Albacete en El Sadar. PABLO LASAOSA
Afición durante el partido Osasuna-Albacete en El Sadar. PABLO LASAOSA

A Osasuna le bastó la primera parte, lo contrario que en otras ocasiones que es la que tira por la borda, para continuar su particular suma y sigue, encaramado al liderato. La segunda habría dormido a las ovejas si El Sadar no tira de repertorio musical y alarga la fiesta que ya disfrutaba la afición.

Tras la reanudación afloró el estilo de juego al que Diego Martínez nos viene acostumbrando, con movimientos farragosos de balón que tejen una disciplinada y laboriosa tela de araña a lo largo y ancho del campo donde el rival se estrella sin encontrar una salida airosa. Ahí es donde este equipo tira de oficio y, al menos aparentemente, se mueve como pez en el agua, sin pasar más apuros que los controlables.

Si encima el equipo de enfrente se llama Albacete, los tres puntos apenas peligraron. “Qué pena no marcar el segundo, pediremos la hora, ya verás”, decía  el comentario más repetido durante el descanso, y en condiciones normales podría resultar profético.

Sin embargo ante este equipo nuevo manchego en construcción, luchador pero limitado, que nada tuvo que ver con el de la Copa, el marcador no se habría movido aunque el árbitro hubiese prolongado un cuarto de hora más. Así que El Sadar pudo festejar sin excesivos sobresaltos otra victoria enrachada. De todas formas, el fútbol tiene mucho de lotería. Si entra el cabezazo al poste de Zozulya en el tercer minuto, la defensa ‘made in Martín’ habría podido causar estragos después. Otro partido.

El Albacete se mostró un equipo abierto desde el principio y esa fue su perdición. Cumplió Martín su palabra de salir a por el partido, con un movimiento táctico impecable en estiramientos o repliegues, pero sin presionar a los hombres de Diego Martínez, muy cómodos en el vaivén inicial, encontrando penetraciones por las bandas.

Se echaba en falta al sancionado Fran Mérida, ausencia incrementada por la escasa presencia de Roberto Torres por el eje del ataque, pero las bandas a pie cambiado (Mateo y Torres) conducían hacia arriba con relativa holgura. No obstante, en tales coordenadas el gol vino como suele hacerlo en partidos tan excesivamente tácticos, en jugada a balón parado, que cuenta lo mismo.

Diego Martínez refrescó el once, si bien de forma comedida. En defensa Unai García suplió al oficialmente lesionado Aridane, el doble pivote otorgó galones a Torró y ordenó a Arzura secundarle por todos los rincones. Enorme el trabajo del argentino.

En la punta premió a Xisco por sus enormes méritos de Cádiz, y no le falló. La afición también ovacionó la labor incansable del mallorquín cuando pensó que iba a ser  sustituido. Su acompañante, Quique González, resultó más intermitente buscándose las alubias por donde buenamente podía. Destacable es que, pese a los cambios, poco varió el comportamiento del bloque, con una primera parte que recordó más al partido del Sporting, y una segunda más de oficio, acorde con lo que este equipo acostumbra en los demás.

Si al partido se le puede encontrar un pero es precisamente el de la segunda mitad, que a la postre resultó un tanto especulativa. Intentó el técnico una variable con el acostumbrado cambio de Torres por De las Cuevas, ya que éste trató de liderar el juego por el eje del campo, pero sin apreciarse demasiado su aportación dado el cariz por el que transcurrían los minutos. Osasuna se sentía cómodo entregando el balón al Albacete.

De hecho, la única cautela que se tomó el míster consistió en reforzar la contención con Fausto Tienza a costa de un delantero, Quique, pero estamos hablando del minuto 88, es decir, de algo puramente anecdótico.

Finalmente, el aficionado, que respaldó con 16.254 espectadores de pago la invitación a disfrutar del liderato también pudo curiosear los tenderetes que las tres candidaturas presentadas montaron en los aledaños del estadio, pero con más curiosidad que aparente interés, a juzgar por las diferencias entre las colas de las firmas o las de acceso al estadio, pese a que el club apostaba mucho más en esas firmas que en los tres puntos en juego.

La fiesta es la fiesta. No obstante, el proceso electoral no ha hecho sino comenzar y todavía guarda mucho espacio a las sorpresas. Queda una eternidad para llegar a las urnas. Hablaremos del Gobierno.

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