La urgente regeneración democrática

Si echamos la vista atrás comprobamos que hace unos años  nadie hablaba de regeneración democrática, de transparencia o de llevar a cabo una reforma constitucional en España.  

Hoy todos los partidos lo han incorporado a su discurso y en todos los foros políticos está en el orden del día. Esta incorporación al debate político de temas cruciales para el buen funcionamiento de la democracia es en parte éxito de UPYD, que fue quien rompió el corsé establecido hace 8 años para lograr abrir este debate tan necesario en España.

Que todos los partidos hayan incluido estas cuestiones en su ideario es debido a que hay una exigencia ciudadana de regeneración democrática y limpieza en los partidos políticos y las instituciones. Y como es sabido los partidos políticos queremos ganar elecciones, para lo que necesitamos el voto de los ciudadanos.

Ahora bien, no es suficiente hablar de regeneración o prometer transparencia, también hay que llevarlo a la práctica y tener la determinación para hacer las reformas necesarias.

Hace falta en España una verdadera regeneración democrática que debe empezar primero por nuestra propia casa: Primarias sin avales y máxima transparencia en los partidos políticos, publicación de cuentas y nóminas de cargos y diputados, tolerancia cero a la corrupción y fuera imputados en las listas. Son cuestiones que deberían adoptar voluntariamente todos los partidos, lo que no excluye que deba también exigirse por ley.

Hace falta en España una justicia despolitizada porque sin justicia independiente no hay democracia. El Consejo General del Poder Judicial y el Tribunal Constitucional deben ser elegidos por jueces y no por políticos, porque es imposible acabar con la corrupción si no hay una justicia eficaz e independiente. Los tribunales de cuentas, los consejos audiovisuales, el Banco de España o la CNMV también deberían ser dirigidos por profesionales en vez de por políticos. Los partidos deberían sacar las manos de todos ellos, lo que no excluye que deba también prohibirse por ley su politización.

Hace falta en España una reforma electoral para que haya una ley electoral justa, que se aproxime lo máximo posible a la ecuación 1 ciudadano = 1 voto. No porque beneficie o perjudique a unos u otros partidos, sino porque perjudica la igualdad de oportunidades y hace que el voto de un ciudadano valga distinto según la opción que elija y en qué lugar de España ejerza su derecho al voto. Hay que establecer además listas abiertas y desbloqueadas para devolver a la gente el control sobre la política.                                                                                  

Hace falta en España una reforma constitucional que defina con claridad de una vez por todas un Estado federal, similar al alemán, en el que todas las comunidades tengan las mismas competencias, y en el que no haya cabida para injustos privilegios fiscales como los de Navarra y el País Vasco.

La descentralización política ha sido generalmente positiva para España pero hay que corregir sus ineficiencias porque el modelo territorial del Estado no es un fin en sí mismo, sino una forma de organizar los recursos para servir a los ciudadanos.  Es inviable y totalmente ineficaz que existan en España tres modelos de Estado a la vez: federal, confederal y centralista. Hay que suprimir las diputaciones y el Senado, y fusionar ayuntamientos para ahorrar miles de millones que podemos destinar a mejorar servicios de primera necesidad de los ciudadanos como sanidad y educación. Por cierto, competencias básicas como Educación, Sanidad y Justicia deben ser recuperadas por el Estado para garantizar la igualdad de los ciudadanos con independencia del lugar en el que residan, lo que no quita para que la gestión pueda ser descentralizada.

España tiene recursos para salir de la crisis, o al menos para acelerar nuestro crecimiento. Solo hay que hacer una profunda reforma estructural del Estado para acabar con el despilfarro.

Ha llegado el momento de llevar a la práctica todas estas reformas imprescindibles para que España pueda llegar a ser un país próspero y moderno en el que esté garantizada la libertad y la igualdad de todos sus ciudadanos con independencia de su ideología, lugar de residencia, lengua, creencias, clase social, orientación sexual, etc. Eso es, en mi opinión, el verdadero progreso de una sociedad

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