Súbditos de Euskal Herria

La semana pasada diputadas de Bildu anunciaron que no acudirían a las audiencias del Rey con los portavoces de los partidos con representación en el Congreso al considerar que la monarquía es "el mayor símbolo del carácter antidemocrático del Estado español".

Las diputadas de la formación abertzale dieron plantón a Felipe VI porque no se sienten "súbditas del Rey de España".

En una monarquía parlamentaria como es España, el rey es el jefe del Estado y por ello el máximo representante del mismo. Es por esto que el gesto de Bildu o de cualquiera que desprecie al rey, desprecia al jefe del Estado y por tanto a su vez también al Estado democrático del que éste ostenta su jefatura. Así de sencillo.

Si tuviera que elegir, apostaría por un modelo republicano para España, pero jamás se me ocurrirá faltar al respeto al jefe del Estado actual según establece la Constitución que los ciudadanos aprobaron democráticamente. Pero esto ya es otro debate. La ley está para cumplirla y si se quiere cambiar hay mecanismos democráticos para hacerlo.

Uno puede ser monárquico o republicano, liberal o socialista, creyente o ateo, y tiene todo el derecho del mundo a expresar su opinión en libertad. Lo que no se puede es despreciar a las personas que legítimamente representan al Estado ni atentar contra los símbolos constitucionales que representan nuestros derechos y libertades.

Hace solo unos meses vivimos un episodio similar en el Congreso de los Diputados, donde el diputado por Navarra de Amaiur, Sabino Cuadra, rompió desde la tribuna de oradores un ejemplar de la Constitución Española con total impunidad. Solo UPYD pidió al presidente de la Cámara que tomara medidas para sancionar al diputado.

Esto ocurre en España porque no hay suficiente pedagogía democrática, ni una asignatura de Educación para la Ciudadanía donde se enseñe a los alumnos valores cívicos. Fernando Savater podría ser un buen maestro en esta materia. “En los país serios primero se discute y después se aprueban las leyes. En España primero se aprueban las leyes y después se discuten”, suele recordar acertadamente Savater.

Lo verdaderamente grave es que esta falta de conciencia cívica se da de forma generalizada entre la ciudadanía, pero con la excepción de aquellos que quieren cargarse el marco común de convivencia. Ellos saben bien, a diferencia del resto, qué significa la Constitución Española y el Estado democrático y por tanto, contra qué y contra quienes han de cargar para acabar con el marco legal actual. En otras palabras, la Constitución Española tiene a quienes la atacan pero no quien la defienda. Como hemos dicho muchas veces, defender el Estado no es defender un mapa o un sentimiento, sino defender la ley, el marco común de convivencia que nos hace a los ciudadanos libres e iguales por encima de nuestras diferencias, sentimientos y accidentes geográficos y/o sociales.

Por eso Bildu, antes que nacionalista o independentista, es un partido que busca acabar con el Estado de Derecho (ahora desde dentro). Por eso Bildu, antes que republicano (o lo que ellos se definan) es un partido que no acepta la Constitución Española y lo que ello representa. De hecho siempre han apoyado a quienes han intentado, de forma violenta o no, cargársela.

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