Los queremos en fiestas

Este año hemos vuelto a ver en fiestas de muchos pueblos de Navarra y el País Vasco los ya, por desgracia, tradicionales brindis, recibimientos y homenajes a presos de ETA.

Cartel colocado por COVITE en Berriozar en respuesta a los colocados en homenajes a etarras.
Cartel colocado por COVITE en Berriozar en respuesta a los colocados en homenajes a etarras.

Los amigos de los terroristas apenas dieron tiempo a que comenzaran las fiestas de Berriozar el pasado miércoles.  Al día siguiente de que se lanzara el chupinazo anunciador de las fiestas, Berriozar amanecía empapelada con carteles en apoyo a cuatro presos terroristas, vecinos de esta localidad en la actualidad gobernada por los representantes políticos de ETA.

Si ya es difícil superar la indecencia de homenajear a terroristas y despreciar a las víctimas, lo de Berriozar resulta especialmente macabro y siniestro. La estampa es la de un pueblo cuyas calles se adornan en fiestas con la cara del asesino del subteniente Francisco Casanova, también vecino de la localidad y la del asesino del que fue concejal de UPN en el ayuntamiento de Pamplona, Tomás Caballero. Todo ello ante la pasividad y complicidad del alcalde de Bildu.

¿Son estos los nuevos tiempos de paz? ¿De la reconciliación? ¿Cómo se puede mirar al espejo una sociedad que acepta como parte del paisaje los vítores a terroristas y el más absoluto desprecio a los asesinados por defender la libertad y la democracia? Pues porque todavía la democracia y el Estado de derecho no han ganado al totalitarismo por mucho que algunos, y no precisamente los malos, se empeñen en pasar página y a otra cosa.

De momento la viuda e hijos de Casanova tendrán que pasear por las calles de su pueblo rodeados de carteles con la cara del energúmeno que asesinó a su ser querido y en los que se puede leer en euskera: “Presos de Berriozar a fiestas”.  Sí, también las víctimas del terrorismo quieren a sus familiares en fiestas, pero ellos no volverán, a diferencia de los presos terroristas que podrán hacerlo cuando cumplan sus penas, las cuales pueden reducir  si hay un arrepentimiento sincero. Lo mismo que ocurre con la distancia debido a la dispersión de los presos que denuncian, la cual pueden acortar considerablemente renegando de la banda.

Lo cierto es que tienen suerte de vivir en un Estado democrático que ellos mismos quisieron y quieren cargarse. Una democracia que defendieron hasta el punto de dar la vida sus víctimas, quienes tuvieron la desgracia de toparse con las pistolas y bombas de estos totalitarios.  Los etarras podrían acogerse a beneficios penitenciarios de nuestro sistema judicial si mostraran verdadero arrepentimiento y renuncia  a toda su historia pero, salvo algunas excepciones, están orgullos de lo que hicieron.

Aurelio Arteta escribió acertadamente que "los etarras, antes y además de ser presos del Estado, son prisioneros de su propia banda, que vería arruinada su entera trayectoria como ellos se atrevieran a arrepentirse. Más sencillo les resulta negar su conciencia que renegar de la banda".

Y porque todo esto nos parece infame no vamos a mirar para otro lado y estaremos este domingo en Berriozar con los amigos de COVITE colocando nuestros carteles. En ellos aparecen las fotos de Tomás Caballero y Francisco Casanova junto al lema "Terrorismoaren biktimak jaietara" ("Víctimas del terrorismo a fiestas").

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