Otra vez París, otra vez la libertad

El terror ha golpeado de nuevo París, la capital de un país que lleva más de dos años en estado de emergencia y que ha recibido ya varias sacudidas terroristas.

Atentado en París.
Atentado en París.

Un tiroteo en los Campos Elíseos esta vez vuelve a amenazar las libertades y la democracia cobrándose la vida de un policía e hiriendo a otros. Lo primero que debemos hacer es darles las gracias, aunque no hay palabras suficientes para agradecer la profesionalidad de tantos y tantos policías que arriesgan su vida para protegernos de la barbarie terrorista a todos los ciudadanos. Nunca será suficiente el apoyo a la labor que realizan las fuerzas y cuerpos de seguridad y por eso es de justicia reconocerlo ahora que en algunos lugares de España, como en Navarra y País Vasco, se pide su retirada.

Esta vez ha sido París (por enésima vez), hace un mes fue Londres y antes Berlín. También otros muchos lugares no tan recordados y mañana podría ocurrir en cualquier otro país. Por eso es muy conveniente recordar que éste no es un ataque solo contra los franceses, aunque sus víctimas con nombres y apellidos lo sean. Éste y el resto de ataques terroristas que se han perpetrado tienen un objetivo claro y definido: acabar con el sistema democrático de libertades.

Por eso la primera víctima de cualquier atentando es la democracia. Y ahí estamos todos los demócratas, vivamos donde vivamos, tengamos la ideología que tengamos y recemos a quien recemos, si rezamos. Y no viene mal recordar que no todas las ideologías, ni tampoco todas las religiones son compatibles con la democracia.

Lo que debemos hacer es unirnos sin fisuras todos los demócratas contra el terror, de manera que no quede una sola rendija que pueda servir de coladero. Debemos reconocer la magnitud y la gravedad del problema valorando lo que está amenazado para poder combatirlo sin complejos. Debemos comprender que el problema no es aislado ni tarea de uno u otro país, sino de todos los demócratas.

El objetivo del terrorismo, como su propio nombre indica, es aterrorizar a la ciudadanía con el fin de someterla. No es casual que este ataque se produzca tres días antes de las elecciones francesas puesto que no hay sentimiento más movilizador que el miedo. Por eso debemos reaccionar con valentía.

No permitamos tampoco que se utilicen tragedias como esta para alimentar el populismo o la xenofobia ni para amenazar los pilares de la Europa de las libertades. Ese sería el camino más fácil pero el que tendría las peores consecuencias.

Los actos de solidaridad u homenajes a las víctimas son necesarios y desde luego merecidos, pero no podemos olvidar que el mejor antídoto contra el terrorismo es privarle de utilidad no dejándonos amedrentar. Por eso lo mejor que pueden hacer los ciudadanos franceses este domingo, es acudir a las urnas para ejercer como ciudadanos libres de un estado democrático. Y no permitir que el terror condicione su voto.

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