Ongi etorri, Arnaldo Otegi

La verdad es que me he decidido a escribir este artículo a raíz de haber escuchado las declaraciones del portavoz de ERC en el Congreso, Joan Tardá y del ex portavoz de la CUP en el Parlamento de Cataluña, David Fernández tras la visita que hicieron en la prisión de Logroño a Arnaldo Otegi.

Fueron a mostrar la "solidaridad del republicanismo catalán hacia el proceso de paz en Euskadi y el reconocimiento a su compromiso con la paz, la reconciliación y el derecho a decidir".

Es indignante, pero sobre todo alarmante, que estas declaraciones pasen inadvertidas  e incuestionadas por los medios de comunicación, periodistas, políticos o la sociedad civil.

Euskadi no necesita un proceso de paz puesto que no ha existido una guerra entre dos bandos enfrentados, sino una organización criminal y totalitaria que ha perseguido, extorsionado, excluido, y en muchas ocasiones (más de 800) asesinado a una parte de la sociedad. Todo el que no piense como ellos sobra, a no ser que acepte la sumisión a sus postulados nacionalistas sin rechistar.

Por tanto no es paz lo que ha faltado en Euskadi, sino libertad. Durante la dictadura franquista en España también hubo paz en el sentido de que ya no había una guerra, pero ¿y la libertad?.

Tampoco es necesaria la tan manoseada reconciliación, ese concepto que a priori está bien visto y es aceptable por la inmensa mayoría de la sociedad. Pero ¡cuidado!, porque la reconciliación que la izquierda abertzale propone no es sino el blanqueo de su pasado, de la historia criminal de una banda terrorista que aun a día de hoy siguen creyendo justificada.

Todos somos culpables y con el mismo grado de responsabilidad, vienen a decirnos, y por tanto reconciliémonos para limpiar nuestros pecados. Pues no. Una cosa es que una víctima del terrorismo perdone personalmente a un asesino verdaderamente arrepentido, lo cual me parece estupendo si ese arrepentimiento es verdadero y la víctima obra en total libertad, y otra muy distinta es aceptar esa trampa de la reconciliación entre dos partes iguales.

La reconciliación entre dos partes pone solución o acuerdo a un previo enfrentamiento de las mismas. Y en la sociedad vasca y navarra la gente no nacionalista nunca estuvo enfadada con nadie, sino amenazada y coartada por una banda totalitaria y sus cómplices. Por tanto nadie tiene que reconciliarse, solamente los asesinos y colaboradores de asesinos tienen que cumplir sus penas, colaborar con la justicia y la banda disolverse para que deje de existir la única anomalía que impide el correcto funcionamiento de la democracia.

A Esquerra y la Cup, tan preocupados por el derecho a decidir, habría que decirles que el señor al que han visitado ha estado en prisión precisamente por  colaborar para impedir el derecho a decidir de la mitad de la sociedad vasca. Los verdaderos defensores del derecho a decidir de todos los vascos son todas las víctimas y toda esa gente que ha vivido señalada con una maca por defender la democracia y que ahora tendrán que soportar (puesto que la Fiscalía no va a hacer nada para impedirlo) los homenajes festivos a Otegi, ese “hombre de paz” que nos trae la reconciliación y la tierra prometida.

Lo único que tiene que hacer Otegi al salir de prisión es aprender a vivir en una democracia con una Constitución, que a pesar de sus intentos por acabar con ella, sigue vigente gracias al esfuerzo y la valentía de los verdaderos hombres de paz y defensores del derecho decidir de todos los vascos, que son los demócratas españoles de todo signo y condición.

Ongi etorri, Arnaldo. Bienvenido al Estado democrático que no conseguisteis tumbar. Aquí seguimos muchísima gente que nunca nos fuimos. No estamos enfadados por lo que no necesitamos reconciliarnos, simplemente nos vale con que respetes la ley y el Estado de Derecho.

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