Banderas y chistorras

Una vez pasado el temporal de pasiones originado a raíz de la manifestación "por la bandera de Navarra" el pasado 3 de Junio en Pamplona, se echa de menos una reflexión razonada y sosegada al respecto.

Manifestación en defensa de la bandera de Navarra celebrada el pasado 3 de junio. PABLO LASAOSA
Manifestación en defensa de la bandera de Navarra celebrada el pasado 3 de junio. PABLO LASAOSA

Contribuir a esa reflexión, y por supuesto expresar mi opinión, es mi intención al escribir este artículo, sabiendo que parto de una posición minoritaria y muy pocas veces comprendida pero en la que, sin embargo, creo imprescindible seguir insistiendo.

Para ello conviene ahora agitar las banderas un poquito más suave, bajar un poco la música de las jotas y guardar las chistorras para la hora de almorzar o incluso para la hora de cenar si uno tiene buen saque y buena capacidad de estómago para procesar a esas horas este rico producto tan típico de Navarra.

Hay sin duda un aspecto positivo y muy importante en la manifestación a la que el pasado 3 de Junio asistieron miles de navarros, y es que dicha convocatoria contó con la presencia del conjunto de los partidos constitucionalistas de Navarra, incluido el PSN (a Podemos e Izquierda Unida ya los doy por perdidos). La unión de estos partidos hizo posible también que muchos navarros de diferentes procedencias ideológicas abarrotaran las calles de Pamplona secundando esa manifestación. Todos ellos supieron apartar diferencias programáticas para unirse en favor de una causa común. 

Pero aquí viene el problema, y lo que a mi juicio acabó desvirtuando una convocatoria que podía haber sido ejemplar.  ¿Cuál fue esa causa común? ¿Cuál fue el motivo de la manifestación?. Los convocantes decidieron poner como lema "Defendamos la bandera de Navarra".  ¿Pero qué significa defender la bandera de Navarra?.

Quiero creer que el motivo de la manifestación era el de defender a Navarra con su actual condición de comunidad autónoma dentro de España frente a los intentos de intromisión y "conquista política" por parte del nacionalismo vasco y el de recuperar la recién derogada ley de símbolos que el cuatripartito se ha cargado para poder ondear la ikurriña allá donde goce de mayoría. Pero igual estoy siendo muy optimista, porque a nadie escuché defender esto, o al menos no sin ir acompañado de apelaciones a la "identidad de Navarra", "el sentimiento mayoritario de los navarros" o este tipo de patochadas que nada tienen que ver con la política.

Una vez más, hace falta recordar que la ley no está para proteger los sentimientos de nadie sino para garantizar derechos a los ciudadanos. Que las banderas no representan identidades, sino instituciones democráticas en el caso de las banderas autonómicas y el Estado de Derecho derivado de la Constitución Española en el caso de la bandera española. Precisamente la estrategia del nacionalismo es la de apelar a la lengua, los sentimientos, la identidad o la historia para arrogarse unos falsos derechos que no le corresponden.

Los navarros, los vascos o los murcianos no tenemos derechos por ser navarros, ni vascos, ni murcianos, sino por ser españoles, ya que es la Constitución Española la que nos reconoce como ciudadanos libres e iguales con independencia de nuestra lengua, identidad o sentimientos.  Y hay que decirlo: no hay nada más progresista que defender el Estado y nada más reaccionario que el nacionalismo.

¿Con qué razonamiento entonces se pretende combatir las intromisiones del nacionalismo en Navarra?  ¿Cómo es posible combatir el argumentario identitario y sentimentalista del nacionalismo vasco con más identidad y sentimientos , en este caso de corte foral? . No se trata de ganarles en capacidad sentimental, ni de conseguir más adeptos para la bandera de Navarra que para la ikurriña, sino de desmontar su argumentario arcaico y antidemocrático. Se trata de decirles sin complejos  que la soberanía nacional reside en el pueblo español, y que queremos seguir siendo navarros y españoles porque es la única forma de que nuestros derechos estén garantizados.

Es cierto que los símbolos y un moderado y sano sentimiento de pertenencia, cuando se utilizan para unir y no para excluir a una parte de la ciudadanía, pueden jugar un papel cohesionador. Pero no podemos organizar una manifestación sin un mensaje político claro y que solo sirva para defender identidades o sentimientos, puesto que estas cuestiones constituyen un aspecto privado de cada individuo.

Ese día pudimos ver muchas banderas de Navarra y alguna española y sentirnos muy navarros con un pañuelo rojo atado al cuello. Incluso se pudieron escuchar bertsos y jotas entre chistorrazo y chistorrazo de una manifestante que en la cabecera se autoflagelaba con este típico producto navarro.  ¿Era un pequeño adelanto sanferminero o una semana santa chistorril? Faltó sacar en procesión al Santo. En cualquier caso , era imposible sacar un mensaje político claro de allí.

Ya que hemos conseguido la unión de los partidos constitucionalistas en Navarra contra el nacionalismo, aprovechemos la ocasión y seamos capaces de transmitir un mensaje claro al nacionalismo: defenderemos la unidad de España no como algo sentimental, sino como el único instrumento capaz de garantizar la igualdad entre españoles. Y dejemos las chistorras para almorzar.

Te puede interesar
  • Los comentarios que falten el respeto y que no se ciñan al tema de la noticia, podrán ser eliminados.
  • Cada usuario será el único responsable de sus comentarios.