Ausencias nacionales

El pasado 12 de octubre celebramos el día de la Hispanidad.

Ya saben, esa fiesta que en otros países de nuestro entorno sirve para estrechar lazos entre ciudadanos y reivindicar la unidad entre todos ellos. En España, como no podía ser de otra manera, es una oportunidad más para demostrar de nuevo nuestra poca ambición de país y nuestra falta de sentido de Estado; una excusa más para poder enfrentarnos unos con otros, el deporte nacional que sí nos une de verdad.

Es una pena y algo muy  perjudicial para cualquier país, pero no es sino la evidencia de una democracia prematura, sin consistencia ni cuajo, en la que se requiere todavía mucha pedagogía democrática. Y lamentablemente los actuales líderes políticos no están muy por la labor. Unos porque buscan destruir la condición de ciudadanos libres e iguales al resto y otros porque siempre anteponen los intereses partidistas y de poder a los intereses de los españoles.

En realidad hay muy pocos patriotas en España. Patriota en el sentido republicano del término, puesto que no me interesa para nada aunque lo respeto profundamente, el patriotismo llamémoslo sentimental sin pretender ofender a nadie. Lo que quiero poner en valor es el patriotismo constitucional, ese sentido de la responsabilidad y de Estado cuyo objetivo no es otro que lograr la unidad del país para garantizar la igualdad en oportunidades y en derechos básicos entre los ciudadanos.  Esa gente que está dispuesta a arriesgar su comodidad y a dedicar parte de su tiempo a luchar por la igualdad y la libertad de sus conciudadanos, no solo de boquilla o proclamando lemas  sentimentales con el fin de arañar unos cuantos votos aquí o allá. Al contrario, el verdadero patriota es aquel que está dispuesto a arriesgar esos votos a costa de defender la igualdad entre españoles, algo impopular hoy en este país.

Por eso, debido al mediocre liderazgo de los actuales líderes políticos y a una ciudadanía muy poco exigente, algunos iluminados campan a sus anchas, fomentando el nacionalismo y el populismo. Y no hay nada que prenda más rápido que estas dos mechas del egoísmo y la insolidaridad.

La presidenta de Navarra, Uxue Barkos, no estuvo presente en el desfile del día de la Hispanidad. Tampoco los presidentes autonómicos de  Cataluña y País Vasco asistieron, como viene siendo habitual. Y tienen todo el derecho del mundo a ser nacionalistas pero deben saber que son algo más que un político nacionalista.

Barkos debe saber que ella no representa solo a sus votantes, sino a todos los navarros. Ella es la presidenta del gobierno de Navarra y se debe tanto a los que son nacionalistas como a los que no lo somos. Además, ¿Saben estos reyezuelos autonómicos que son la máxima autoridad del Estado en sus comunidades autónomas? Porque para no gustarles el estado español, se aferran como nadie a los cargos representativos del mismo. Y nadie les obligó a presentarse.

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