PSOE, apuntes para el 2017

Soy optimista.

Muchos nos adherimos al  PSOE y la socialdemocracia por un doble vínculo: el emocional vinculado a su historia, principios y  valores, y el racional como considerarla como expresión de la mejor política para conseguir una sociedad definida por los mayores niveles de igualdad de oportunidades, cohesión social y cohesión territorial.

Y esa apuesta sigue viva en miles de navarros y navarras, así como en millones de españoles y españolas. Y no solo a los que en 2015 o 2016 volvieron a renovar su confianza en el PSOE sino, también y sobre todo, en otros muchos que dejaron de mirar al PSOE como instrumento de modernización y transformación social.

Sin duda el PSOE hunde sus raíces en la tradición histórica de la izquierda. En una izquierda transformadora y posibilista, de políticas reales y no de dogmas ortodoxos, de llamada al trabajo en común y no a la confrontación (ni social ni territorial), una izquierda que pretende convencer más que vencer. Una izquierda inclusiva y con vocación de mayoría, sustanciada en un proyecto que pretende liderar no solo un espectro ideológico acotado sino una mayoría social de progreso de país y de sociedad.  

Miremos al futuro ganando la batalla del discurso sin caer en la tentación de tomar atajos. Debemos decir con orgullo que seguimos enarbolando y apostando por la libertad la igualdad y la solidaridad. Debemos decir con orgullo que no nos resignamos a que ninguna persona se quede en el andén mientras pasa el tren del progreso. Debemos decir con orgullo que tenemos un proyecto de país, que se llama España, que no lo entendemos sino desde su unidad federal, su pluralidad y su solidaridad. Debemos decir con orgullo que Europa sigue representando un ideal que hay que recuperar de paz, libertades y derechos, sin igual en el mundo actual ni en la historia de la humanidad. Debemos decir con orgullo que apostamos por un internacionalismo entendido como que cualquier ser humano, independientemente de su sexo, raza, credo o nacionalidad es sujeto de derechos y deberes al mismo nivel.  

No tengamos miedo de afrontar los nuevos retos que están y que vienen, tanto a nivel de comunidad como de país y de humanidad, de esos que realmente conforman el tronco social y transforman, para bien o para mal, la vida de las personas. La imprescindible necesidad de una gobernanza mundial sustanciada en la paz, la libertad y la justicia social, la regulación de los flujos comerciales y de capitales, el cambio sustancial en el mercado laboral mundial por el reto de la automatización e informatización que incide directamente en el nivel de empleabilidad de millones de personas, afrontar el debate de la competitividad en positivo, combinando sin complejos elementos de flexibilidad y seguridad,…son retos no solo de los navarros y españoles sino del conjunto de la humanidad. Y que son retos reales y que serán crudos sino somos capaces de afrontarlos con garantías.  

Si los socialistas, los socialdemócratas somos capaces de articular el debate a través de las ideas y del proyecto, pensando en el país y las personas, sin duda tendremos muchas más posibilidades tanto de acertar con el diagnóstico así como con las soluciones. Por el contrario, si reducimos la cuestión a una contienda de nostalgias, de intereses personales o de grupo cerrado, nos seguiremos alejando de lo que realmente la ciudadanía espera: que nos centremos en ellos, en sus prioridades y sus necesidades.  Que son muchas y acuciantes.

Debemos ofrecer esperanza con realidad. Frente a quienes se resignan a ofrecer realidad sin esperanza o, peor todavía, una esperanza sin ningún atisbo de realidad. La socialdemocracia, hoy en día y siempre, no debe resignarse a convertirse en un frasco de las esencias en el cual se recreen unos pocos puros y privilegiados, sino en un proyecto útil, un instrumento válido al servicio de la sociedad.  Ese ha sido y debe seguir siendo nuestro afán. Y muchos apostamos por ello en el debate que viene.

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