#YoSoyNavarra.com

Vaya, qué raro, el poder atacando un medio de comunicación y los palmeros palmeando, y bailando aurreskus mentales, esta vez incluso con extraños y vergonzosos compañeros de cama y de zapateado, porque no les gusta que se informe contra ellos.

Uxue Barkos, presunta presidenta del Gobierno de Navarra. PABLO LASAOSA.
Uxue Barkos, presunta presidenta del Gobierno de Navarra. PABLO LASAOSA.

Que el poder ataque a la prensa entra dentro de lo esperable pero que boronos cejijuntos con menos luces que un traje de torero sin las pilas se sumen al linchamiento me asquea hasta la náusea. Tontos útiles. Odio a los tontos útiles. Si vas a ser útil que sea por mucho dinero, joder, no gratis.

En fin, como sé hace tiempo de qué va esto de la libertad de expresión, o sea, que no existe, que te están buscando las cosquillas tras cada párrafo, le voy a meter el presunto a todo por si me lleva por delante a mí también la presunta señora Barkos, presidenta presunta de la presunta Navarra. Pizza de presunto y fungi. Marchando, presunto.

Leo que a la presunta presidenta de esta vuestra presunta comunidad, presunta periodista, en excedencia de la tele pública vasca y vasco, para más coña del asunto-presunto, se le ha calentado el morro y ha anunciado que va a presentar una querella contra el diario en el que escribo.

El caso es que a mi presunta presidenta no le ha gustado que se escriba de ella como cargo y carga pública y público sobre un asunto feo de cojones, presuntos siempre, los cojones también, sobre un dinero que presuntamente cobró por el presunto don bíblico de la ubicuidad presunta. Presunta Serna, actriz... Presunto con pan la salsa del asunto de las dietas.

Presunta andanada de mortero, presunto también el mortero, por si las moscas, presuntas moscas, contra la libertad de prensa y de información. La libertad amenazada. Un clásico del poder político. Presunto yo, presunto tú.

Yo soy un outsider que no hace vida de redacción, es más, más de la mitad del tiempo por no estar no estoy ni en Pamplona, esa ciudad que me cabrea ya tanto que estoy a punto de dejar para siempre por completo. Que le den, para vosotros, me rindo.

Yo mando mis artículos por correo y me piro a tomar el sol a la azotea al círculo de Bellas Artes o a darle de comer a los patos de central park o a andar en bici o cojo mi moto y, mirando de perfil, posando para la historia del periodismo navarro, me acerco hasta alguna terracita madrileña de la Latina o Lavapiés. Una Mahou, mister waiter. O qué sean two, que tengo que escribir un artículo. Ponme tres. A ver quién coño coge la moto luego. El artículo perfecto, eso sí. Los presuntos artistas somos así.

Lo que quiero decir, me me pierdo por el hedonismo de la vida, es que me alegro tanto de poder escribir en este periódico que no soy capaz de expresarlo con palabras. Qué cojones, lo voy a intentar. Me gusta escribir en Navarra.com porque es símbolo de libertad. Libertad absoluta. Los que me leen ya saben que no me corto un pelo y que voy a tumba abierta, como los ciclistas de antes. Ni chichonera ni hostias. Con la cabellera loca al viento y la gorra con la visera hacia arriba bajando puertos como un piloto de guerra japonés.

Pues bien, jamás, nunca, nada de nada, me han corregido ni sugerido que cambiara ni una coma. Me sorprende con la libertad con la que me dejan escribir, lo confieso, y lo celebro, claro. Este periódico es lo mejor que le ha pasado a Navarra en años, su apuesta por la libertad me tiene cautivado, y me siento tan orgulloso de dos veces por semana sacudir el tedioso avispero pamplonés desde él que quería escribir esta pieza para darle las gracias a todos los que aquí trabajan por ser como son, ahora que la maquinaria de poder se ha fijado en ellos para acojonarlos.

La libertad sigue siendo peligrosísima y hay que combatirla porque molesta. Lo de siempre de los poderosos. Otro liberticidio más. Nada nuevo. Ánimo, compañeros. Si el poder, político, económico, el que sea, te atiza sin piedad es porque algo bien estarás haciendo. Para eso nos hicimos periodistas, coño, para dar luz con rigor y seriedad y con las fuentes bien contrastadas y sin miedo, a esa zona donde alguno que manda y sus palmeros no quieren que brille el sol jamás, porque suelen estar todas las vergüenzas.

Sin libertad no hay nada. La libertad lo es todo. Y una prensa libre y moderna como esta es más necesaria para una sociedad abierta que cualquier otra cosa. Y eso es todo.

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