Los Sanfermines ya no son las mejores fiestas del mundo

Toca ir haciendo balance de estos Sanfermines que ya han salido de la Estafeta y enfilan el callejón.

Kilos de basura en la Plaza del Castillo durante los sanfermines. EFE
Kilos de basura en la Plaza del Castillo durante los sanfermines. EFE

Seré yo, que me hago mayor y ya llevo encima un montón de fiestas, ni a pararme a discutirlo voy a hacer porque estoy cansado, pero yo lo que veo es que cada vez esta fiesta sanferminera está más enredada en sí misma, más manierista, como al final del barroco, sin salida. Los Sanfermines han entrado en una espiral tormentosa, de volutas imposibles, empeñada en retorcer y repetir fórmulas que hace 40 años tuvieron éxito pero que hoy interesan a mucha menos gente.

Pamplona está más vacía que cualquier otro año, yo la veo más vacía, y no pienso a entrar a discutirlo tampoco, así que ahorrémonos el "tradicional baile de cifras" que a mí me importan un comino porque yo ni gano ni pierdo nada con esa victoria o derrota moral, me limito a usar mi libertad de opinar y opino. Opino libremente y no quiero convencer a nadie de nada. Recordaría aquí a los euskotrolles la diferencia entre opinión e información pero para qué, si van con orejeras, con el tiro fijo, como los cabestros en dirección al corral de la plaza de toros. En fin. Cansado y aburrido estoy, de día 13, vamos, como de los Sanfermines.

Volvamos a la opinión. Pamplona está más vacía, pero bastante más de como yo la recuerdo en otros Sanfermines que fueron espectaculares de mi juventud noventera. Lo que habría que debatir es si esto es bueno o malo. ¿Necesita la fiesta que se llenen las calles, que trascienda a la ciudad, o la gente prefiere que vayamos hacia una lánguida perdida constante de músculo que la haga si no desaparecer sí que sea intrascendente? ¿Necesitamos que nos visiten riadas de personas y que prediquen nuestra fiesta, nuestra ciudad, por el mundo?

A mí me da exactamente igual, yo ya he vivido esta fiesta como la quise vivir, en unos años donde iban como un cohete, llenas de mística, de leyenda, y ya no me interesa mucho lo que pase con ella. Me he retirado. Ya no es mi guerra. Aún así opino que la ciudad, la fiesta, necesita de la gente de fuera para vivir. La endogamia solo produce monstruos y desolación. La endogamia solo consigue que las estirpes se extingan.

Fijémonos en el encierro. Según el ayuntamiento, solo el 14% de los corredores son de Pamplona. Es decir, en el acto central de las fiestas, sin el que solo seríamos una más de las miles de fiestas que hay todos los veranos en cada pueblo, únicamente participan unas 300 personas de casa. ¿Puede sobrevivir un encierro con 300 personas, cada vez más veteranas ademas, y que por lo tanto un alto número de ellas no corre sino que se limita a mirar porque ya no están en buena condición física? Yo creo que no.

Conozco a la ciudad muy bien y sé que están los guardianes de las esencias sanfermineras ensimismados en ese punto infantil de "pues si no quieren venir que no vengan, no los necesitamos", tan absurdo como inútil para la fiesta que dicen amar. Estas ya no son las mejores fiestas del mundo, ni las segundas ni las terceras... ni las décimas, opino, ni las decimoquintas, vuelvo a opinar.

Ya no hay esa alegría que sí se respiraba el siglo pasado y si alguien cree lo contrario, le animaría a que se diera una vuelta, por ejemplo, por las decenas de festivales de música que se montan durante el verano y comparen dónde hay más euforia y más comunión entre los asistentes.

Me caerá la del pulpo por decir que el emperador sanferminero está desnudo y que habría que repensarlo y revestirlo de ropas nuevas. Asumo el riesgo, como siempre. Hoy tengo vermuteo con la cuadrilla y se descojonan mucho de mí con cada comentario que me hacen en Facebook. Procedan, por favor. Y eso es todo.

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