Pamplona: mucho Asiron, poca diversión

Título gancho para una buena causa. Otro día le damos al alcalde. Hale, tomen asiento. Vamos a educar a Irroña, que está muy mal educada. Tanto pensamiento único, el ezkerro-aberchandal, claro, le tiene las meninges atrofiadas.

Bajada de Labrit en Pamplona. MIGUEL OSÉS.
Bajada de Labrit en Pamplona. MIGUEL OSÉS.

Al lío. Sacad papel y boli, hijos de Aitor y de Kepa, Kepa, kepasa que hoy hay clase. Esto entra para examen del EGA y hasta del Arga y del Aragón. Lección primera, el reverso de los escritos. Escribir es divertidísimo porque te pone en contacto con estratos mentales, ideológicos también, con los que no coincidirías ni en la cola del meadero de un bar de carretera, yo qué sé, que se llamara La teta enroscada, por ejemplo, después de haber robado una autocaravana con rehenes a punta de recortada.

A lo que vamos, que me despisto con otras películas, nadie es tan bueno ni tan malo, unas veces vences y otras feneces, a ver si van aprendiendo algo, sádicos buenistas de Irroña que ustedes, o sea, vosotros, no podéis estar siempre en el lado bueno, el puro, el de la jodida superioridad moral de la vida ni de las opiniones ni de la existencia, copón. Anoten, no podéis ganar siempre. Es imposible. Reténganlo que nos irá mejor a todos. A vosotros porque os asienta los pies en la realidad y a nosotros porque dejáis de hacer llorar a nuestras abuelas, que en gloria estén.

Un sambenito recurrente que se me cuelga en los comentarios que los turbios de corazón, y prosa, hacen en las redes sociales de esta casa, Navarra.com, es el de que yo escribo desde el oído. Odiar, por opinar, por discrepar, por oponerme... flipando me deja la gente que dice, sabe, conocer mis motivaciones mejor de lo que las puedo conocer yo. ¿Sabe la peña, por ejemplo, la de guiños internos que he hecho en todos estos artículos para que alguien que quiero se entere de que me toco la oreja pensando en esa persona?

Pues como para saber si odio o no, que es que no pero vamos, que me hace gracia igual tanta seguridad. Me descojono vivo, quiero decir, con los los juicios de intenciones. Y claro, como el comentador piensa que odio pues se lanza a escribir algún loco comentario salvaje, con todos esos prejuicios hacia mí frescos, que hace temblar el misterio y las velas de la Dolorosa cuando va y viene de la catedral a San Lorenzo.

Lo que yo no hago es idolatrar todo ese mundo aberchandal que a mí me recuerda a una tuna pero en euskera, que es otra cosa. A mí las tunas me producen mucha risa aquí/aki o en la Plaza Mayor de Salamanca. Yo no idolatro nada, si acaso Osasuna, pero porque de tu equipo de fútbol eres de la cuna a la tumba. Y ya. Es más, seguro que si indago en esos perfiles de Facebook que me ponen a caldo alguno se puso el #jesuisputaspollasenvinagre que hoy me niegan fanáticamente ellos. Angelicos.

Yo odiar, lo que se dice odiar, no recuerdo que odie nada desde los tiempos universitarios, cuando volvía a casa sin tabaco, ya de día, de la discoteca Sektor, ciscándome en el sol que me reventaba las pupilas y en los putos pajaritos que no dejaban de recordarme todo el camino, rebotando en mi cráneo su piar, que era mortal. Memento mori (canción de Iván Ferreiro), chaval, el domingo vas a fenecer. Y fenecía, por supuestísimo.

Fuera de eso no recuerdo que por dar mi opinión, la que me sale del ciruelo eta ciruela en cada artículo, odie. A mí que me registren, oiga, que yo soy muy vago para odiar. Para odiar hay que creer mucho o recibir mucha pasta. La gente confunde el hecho de que te descojones de que unos con dos cencerros en el culo santifiquen todas las santas laicas fiestas de esta gloriosa, ejem, ciudad con que los odies. Si nos ponemos finos, mi única relación con el odio ha sido el de padecerlo.

Nací con el don de la risa, como Scaramouche, ¿qué miembros sexuales masculinos y femeninos quieren que le haga, que no lo cultive, que lo reprima? Que me vuelva políticamente correcto en una ciudad de correctos chandaleros que no es que no acepten que te rías, es que no aceptan que te puedas reír, a mi edad, no lo voy a hacer. Paso.

A ver si vamos centrando el asunto y educando al personal, que llevo escrito este mismo artículo varías veces y al final no me lo van a pagar y con razón. La libertad de expresión termina no en tu callo, si no en el código penal y si te duele que me meta no contigo sino con algo que te gusta, tienes dos opciones, o ajo y agua a mansalva o ponerme una denuncia en el juzgado, a ver qué pasa, y dejarme en paz.

Bastante tengo con salir de un pequeño contratiempo vital en el que estoy, como para estar preocupado con lo que le joda o no al personal de lo que a mí me guste o me dejé de gustar. A la mínima le salta el automático autoritario al gentío con sus cargantes “ad hominem” y te lían unas pajarracas de órdago a grande. Qué poca cultura democrática hay entre los que piensan que son los más demócratas, los demócratas de toda la vida, la virgen, y qué coñazo me dan. ¿Han aprendido algo hoy irroñatarras/irroñantes? Pues deberían. Y eso es todo.

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