¿Por qué el nacionalismo vasco quiere cargarse Navarra?

Esto es más antiguo que el hilo negro, aunque alguno se desgañite gritándote como ese carterista al que trincas con su mano dentro de tu bolsillo, en el metro, y que para zafarse empieza a llamarte, como un energúmeno, racista, cuando le dices que qué coño hace con su puta mano en tu bolsillo.

La presidenta de Navarra, Uxue Barkos, y el alcalde de Pamplona, Joseba Asiron, firman un convenio para la gestión de la Biblioteca Pública del Casco Viejo-San Francisco.(10)
La presidenta de Navarra, Uxue Barkos, y el alcalde de Pamplona, Joseba Asiron, firman un convenio para la gestión de la Biblioteca Pública del Casco Viejo-San Francisco.(10)

Los timadores nacionalistas cuando se les descubre también gritan mucho, tinta de calamar pringosa, pero en realidad es lo de siempre, quieren dinero, el tuyo, y poder, sobre ti, y nada más. Aunque lo tienen que revestir con mucho sentimentalismo, sobre todo para que la tropilla de choque piense que está haciendo historia, o cultura, ojo. Alguno cree que es un acto cultural el ponerte con sus alaridos la cabeza como un bombo, mientras sus jefes calculan a cuanto les va a salir el beneficio de la maniobra de cepillarse un competidor fiscal como Navarra, controlándolo, que han diseñado exitosamente con calculadora y hoja de Excel.

Mandar y pasta, recuerden. Y los pobres ilusos de la tropilla creyéndose importantes por pegar gritos y pancartas, con sandalias y pantalones piratas. Aún no saben que quizás no les caigan ni las migajas del banquete que sus élites económico-políticas devorarán cuando todo cambie para que todo permanezca igual. La historia es simple y aburrida, solo se mueve o por poder o por pasta, que básicamente es lo mismo. Quiero pasta para ejercer el poder y quiero poder para tener pasta.

Lo bonito y novedoso del asunto es que en Navarra vamos camino de récord a la pirueta más extraña. En vez de oponernos a que nos colonicen hemos decido que es mejor ser naburros y despeñarnos sin que nos empujen, regalándonos a los vecinos para que hagan con nosotros lo que quieran, que básicamente es lo que ya están haciendo: sangrarnos a impuestos.

Parecemos iluminados davidianos en el rancho Waco. Somos los únicos, por ejemplo, que no quieren que les pongan una infraestructura del siglo XXI como el tren de alta velocidad y somos la primera comunidad que va camino inexorablemente de querer ser diluida en un ente que desde luego Navarra no se va a llamar, bajo el yugo, no de nuestra bandera roja, sino de la ikurriña.

El PNV por su parte va camino de la cuadratura del círculo perfecta. Independizarse no se va a independizar porque en España vive como Jaungoikoa, y sin salirse de España, esa que le colma de privilegios, va a absorber gratis una porción de territorio más grande que toda su comunidad actual. Vamos a pasar gratis de ser una comunidad diferenciada, con entidad propia, con sus instituciones, a quedar disuelta en un conglomerado ikurriñístico que nos relegará a la cola del mismo.

Es decir, vamos a pintar menos que Álava en ese momio de Frankenstein decimonónico en el que ya nos tiene preparado el nicho. De ser un reino y luego una comunidad autónoma a ir por detrás de los patateros. Un triunfo histórico, sí. Y los centros de decisión de lo que será Navarra dejarán de estar en Pamplona para pasar a Vitoria, que es donde los de Vizcaya manejan los hilos de su caserío.

Enhorabuena a los premiados, que serán sobre todo las empresas de Bilbao y algo los habitantes de San Sebastián y provincia. Pamplona se va a llenar, como ya está pasando, con funcionarios de Guipúzcoa y los que os sentís navarros y tal, solo podréis hacer lo que ya ha ensayado el nacionalismo vasco esta legislatura navarra: pagar los impuestos más altos que se recuerdan y callar, que quejarse es de fachas. Callar a los navarros se nos da de dulce, dicho sea de paso. Callar y dejar que nos llamen noblotes, que es como llamarte tonto del culo pero en fino.

El nacionalismo lo tiene clarísimo. Su objetivo no es independizarse de España, que esa bandera no la han tocado en ningún momento este verano. Su maniobra es imponer la ikurriña en Navarra para deshacer la roja de las cadenas, eso es lo que va a salir de todo este chirgo, y así poder crear una comunidad autónoma vasca, que no Navarra, con el doble de territorio. Su territorio. Todo. Para ellos.

Cuando dices algo de esto siempre saltan como salvajes con que el idioma y tal y cual y Pascual, y que si nación cultural y monsergas del estilo, pero ya el trile se les nota mucho. ¿Un idioma necesita una bandera? Qué chorra va a necesitar un idioma una bandera, quien necesita una bandera es quien quiere imponer el poder homogéneo sobre un territorio para manejar los dineros en su beneficio. Lo que el nacionalismo vasco busca en realidad no es que se hable en euskera sino que se calle en euskera para que no le fastidien el tocomocho.

Siempre he dicho que lo que más me jode de toda esta felonía de regalarnos a los vascos es que se haga gratis. Yo esto lo hubiera negociado diferente para que al menos no les saliera gratis. A mí me dan 14 pagas al año de 3000€ al mes (más IPC para no perder poder adquisitivo, nos ha jodido) y regalo mi soberanía pamplonesa, o como se llame a lo de haber nacido en la Virgen del Camino, para que hagan con esta ciudad su euskoPort Aventura particular.

No me siento hace mucho de ningún lado, yo ya solo me siento viejo, por eso habría negociado esa pasta para mi jubilación y poder vivir lejos y feliz sin que me dieran la murga todo el santo día con estructuras de poder sentimentales que solo engendran monstruos, como en el sueño de la razón de Goya. De nuevo Goya. Siempre Goya. Que, por cierto, rima con hasta donde me tiene ya todo este asunto empresarial del nacionalismo vasco del que los navarros no vamos a ver ni un duro. Y eso es todo.

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