El nacionalismo vasco está destrozando Pamplona II

¿Qué va a pasar en Pamplona? ¿Por qué van a quemarla?

Violencia callejera en Pamplona tras una manifestación convocada por la izquierda abertzale. PABLO LASAOSA
Violencia callejera en Pamplona tras una manifestación convocada por la izquierda abertzale. PABLO LASAOSA

La atmósfera estaba rara, hacía frío y a la vez tenía sudor por la espalda. Una calma con olor a pólvora envolvía la ciudad pero solo se podía escuchar un extraño silencio para ser viernes tarde. Un silencio que murmuraba.

Apagué el motor de la moto, me bajé un poco intranquilo, alerta, me quité los guantes y cuando me retiré el casco una perturbación en la fuerza en forma de gran ráfaga de viento me arreó en la cara. Algo malo iba a pasar pero no sabía aún el qué. Aquí en Madrid todo estaba bien. Presentí que era más lejos.

Entro en el Centro Cultural Conde Duque y al pasar al lado del agente de seguridad me susurra: ¿qué va a pasar en Pamplona? ¿Por qué van a quemarla? Lo miré desorientado porque no sabía de qué me hablaba. ¿El terremoto de hace unos días?, le pregunté, pero no me contestó, miraba lejos de mí, ajeno, como si no me hubiera hablado nunca.

Seguí mi camino hacia la exposición que Chema Madoz acaba de inaugurar con tema asturiano y me olvidé de esas sensaciones desasosegantes. Poder estar en una entrevista con Chema Madoz, escuchando una a una cómo compuso cada fotografía es una de esas cosas que solo pasan en Madrid y que te hacen sentir que por fin estás en el sitio adecuado. Por fin protagonista. Su proceso creativo comienza con un dibujo y termina con una foto, le oigo decir, y luego va pasando por mil estados en los que va creando todos los elementos que imaginó para terminar en el clic final.

El obturador como un telón que baja, pienso, cada foto un punto final. Tiene una voz suave, didáctica, amable, da gusto escucharle. Es hipnótico. Me encantó la retrospectiva que vi de su obra hace un año o dos en una sala que la Comunidad tiene en Gran Vía, le dije, y salí del oasis de esa mole que es el Conde Duque. Fuera algo seguía raro pero no era capaz de dar con ello.

La primera vez que escuché algo de lo nuevo de los Planetas, Espíritu Olímpico, a lo grande, fue en el club ocho y medio en Madrid, tras un concierto de Havalina, mientras estaba en una conversación con uno de Rufus T. Firefly. Vas solo a un concierto y acabas conociendo a mil músicos porque en la puerta la cantante de un grupo que se llama Tucán Morgan con el que coincidí en este último Festival Actual me reconoció.

Sofía es un terremoto y un amor y me salvó junto a los demás miembros de su grupo la noche. Al final acabé de colega con todos y la madrugada se expandió y las cosas que me preocupaban de Pamplona desaparecieron hasta que un portero se me acercó y me dijo que por qué Pamplona mañana va a ser un infierno.

No le escuché muy bien entre la música alta y las cervezas que llevaba puestas. Para cuando proceso la información ya no puedo contestar nada porque se ha perdido escaleras arriba. Mierda de Pamplona, no termina de irse nunca, siempre vuelve para intranquilizarme da igual lo lejos que me vaya.

¿Pero quién quiere destrozar Pamplona y para qué? ¿Qué puede conseguir alguien destrozando una ciudad de provincias irrelevante? Los de siempre me dice un camarero cuando le voy a pedir otra. ¿Lo de siempre? Sí, ponme lo de siempre, pero él se refería a otra cosa. Otra vez los de siempre destrozando la ciudad de todos. Quemar y apedrear tu casa para que tu supuesto enemigo se rinda. La lógica es de ser uno demente absoluto, pero es que en Pamplona hace mucho que no pasan cosas muy cuerdas.

Al día siguiente me invitaron a una fiesta donde me encontré con unos cuantos escritores navarros más o menos en el exilio, que no nombraré para evitarles jaleos en Pamplona. Están quemando Pamplona me dijo uno de ellos. Por fin los presagios se hacen realidad. La violencia tarde o temprano vuelve y nos pilla descolocados. Esto es lo que tanto tiempo lleva angustiándome y cuando por fin adquiere forma me entra una tranquilidad como la que le entra al que se rinde del todo.

No tenía ni idea, le contesté, voy a por otra cerveza para celebrarlo. A lo mejor acaban con la ciudad y deja de sufrir de una puñetera vez esa agonía en la que está desde hace años. Y me piré a por la enésima Mahou. Adoro las ciudades que tienen cerveza propia, hasta ahí llega mi nacionalismo. Pamplona arde y yo en Madrid soy feliz hablando de su cerveza. Así estamos.

Durante esa tarde tocó el Drogas en unos conciertos de Radio 3 en La casa encendida. Tenía pensado ir para escribir algo pero de repente me dio una pereza inmensa la posibilidad de que tocara Barrio conflictivo en ese Madrid que siempre es una fiesta y me quedé en una terracita en la plaza de Lavapiés, a 100 metros, tercio va tercio viene, envuelto en las risas de la gente. ¿Por qué están dándole fuego a Pamplona?

Porque nosotros, los que estamos en Madrid, pienso, les oprimimos tanto que no pueden seguir soportándolo más y se queman a lo bonzo. Lo que no entiendo es cómo ese eterno mantra de qué bien se vive en Pamplona casa con esa opresión a los que les sometemos desde, yo qué sé, Tirso De Molina, tomando el vermú, que no les queda más salida que autodestruirse.

Durante dos días en La casa encendida Radio 3 ha montado un montón de conciertos con grupos de todo el estado español de España: gallegos, andaluces, madrileños, murcianos, catalanes, vascos... La cola para conseguir las invitaciones se perdía por Lavapiés. La juventud estaba contenta y en Pamplona durante el mismo fin de semana han tenido hasta que cerrar bares y comercios porque delincuentes que comparten la misma ideología nacionalista que gobierna la ciudad han convertido las calles en escenarios de guerra. Estupendo contraste.

Destrozan Pamplona porque en Madrid nos divertimos. Pamplona da mucha penica, pero si lo dices el malo eres tú, no el ayuntamiento que no quiere defender la ciudad ni condenar a los terroristas que la destrozan. Pamplona no tiene remedio en su camino autodestructivo. Unos cuantos ya lo hemos visto y nos estamos desconectando poco a poco.

NOCHE DE DOMINGO

En Madrid vivo en el ático de un edificio bastante alto y desde la terraza se ven despegar los aviones muy a lo lejos. Me enciendo un cigarro, miro los destellos de las luces que van ascendiendo y me pongo la canción de Pearl Jam Given to fly casi como una nana, para ir cogiendo sueño.

Otra vez Gattaca, como en mi artículo anterior. Los aviones siempre me dan paz. Los aviones y los faros. Por la tarde he ido a mirar el Guernica al museo Reina Sofía para ver si me decía algo sobre Pamplona pero cada vez me gusta menos el cuadro. Solo veo ya a Rubens caricaturizado. Es lo mismo, tampoco ninguno de estos aberchándales lo iba a entender así que ni lo explico. Mientras fumo tranquilamente pienso en lo insignificante que es Pamplona en cuanto te alejas un poco, da igual Madrid que Olite.

Una ciudad eternamente peleada consigo mismo y misma y que tiene un ayuntamiento que no es capaz de condenar que unos salvajes le hayan dado fuego, destrozándola por lo que se ven en las fotos bastante a conciencia, porque comparten ideología. En fin. Disparo la colilla hacia la calle con el pulgar y el corazón y veo la brasa dando círculos hacia el suelo hasta que aterriza en la acera, surge un último destello al que nadie presta atención y se apaga. Cenizas, como Pamplona.

Pura irrelevancia que ni quemándose a lo bonzo logra que a nadie le importe. La vida hace tiempo que va por otros derroteros pero la ciudad no se ha enterado, por eso se muere. A dormir, que mañana hay más vida por aquí. Y eso es todo.

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