Opinión / A mí no me líe

Nacionalismo marciano

Por Javier Ancín 20 Diciembre, 2017 - 9:26

Cada vez que veo las fotografías que ha mandado el robot Curiosity desde Marte siempre me hago la misma pregunta. ¿Si el ser humano colonizara ese planeta, cuánto tardaría en surgir nacionalistas marcianos?

Concepto artístico del rover Curiosity en el Planeta Rojo. NASA
Concepto artístico del rover Curiosity en el Planeta Rojo. NASA

Miro los paisajes y sólo veo un territorio rocoso e inhóspito, pero sé que en cuanto hubiera un ser humano en su superficie, el germen de “lo nuestro” estaría sembrado. Sólo sería cuestión de tiempo que la comunidad se pusiera a llorar contemplando el paisaje, orgullosa de pertenecer a ese secarral y no a otro lado. “Yo soy muy de aquí”, dirían, y “esta inmensa llanura llena de rocas rojas y polvo se merece ser para decidir”.

Así transcurrirían años, hasta que una guerra descolonizadora les separara de la Tierra. “No necesitamos ese planeta azul y verde”, “quieren socavar nuestra identidad roja, nuestro polvoriento desierto quieren convertirlo en un pantano”. “Quieren que seamos lo que nunca hemos sido, amantes del agua y las verduras verdes”. Y se crearán comparsas que canten las loas de Marte en todas las bodas, reafirmándose marcianos con cada gorgorito, dándose palmadas los unos a los otros para sacudirse la tierra batida que los cubre. Y alguien lo verá. Un visionario. Ya está. El padre fundador de la nación marciana. Ése será el gesto: palmearse los hombros para retirarse los unos a los otros el polvo marciano.

El comienzo, el clan, la satisfacción de pertenecer a un grupo con unas formas de hacer ancestrales. Soy de Marte y tú no. Y surgirán bailes folclóricos, levantando la pierna y agarrándose del pulgar del pie opuesto, girando. La menor gravedad de la atmósfera marciana hará el resto. Un giro como no se ha visto en toda la galaxia. Un giro sobre el que levantar un imperio. Sacudirse los hombros y agarrarse el pulgar del pie. Lo tenemos. No somos terrícolas, somos marcianos y merecemos un futuro mejor, gobernarnos a nosotros mismos agarrándonos de las orejas como símbolo de libertad. ¡Oreja y libertad! Otro hecho diferencial marciano:

Crearán instituciones, funcionarios. Muchos funcionarios. Diseñarán banderas y sonarán himnos. Desfilarán los niños vestidos de rojo “polvocolorado”. Marte para los marcianos… y todo será amor y alegría. Por fin somos nosotros. Por fin lo hemos conseguido. Por fin estamos solos. Hasta que la sombra del eclipse terrícola les vuelva a envenenar el ánimo. La felicidad nunca es eterna.

Ya no tenemos enemigo exterior, dirán, así que hay que comenzar a odiar al vecino para poder ser. Sin diferencias, sin poder compararse con alguien, no hay nosotros. Y volverán a las andadas. Mi cañón del colorado marciano es infinitamente más digno que tu cráter de meteorito místico. La comunidad se dividirá en dos grupos antitéticos: los que comienzan a sacudirse los hombros por el derecho y los que comienzan a sacudirse el polvo por el izquierdo. Desembocará semejante afrenta en una guerra civil salvaje.

Te odiamos, no podemos soportar que tu gesto sea diferente a nuestro gesto. ¿Cómo puedes ofendernos así, comenzando a sacudirte los hombros por el lado equivocado? Y se torturarán y se matarán para imponerse al otro, para someterlo. Y después se volverán a matar disgregados en más facciones. Muchas más, miles y miles de nuevas facciones. La muerte humana como hecho diferencial humano.

Muerte y gestos y bailes… hasta que dejemos todos de dar el coñazo con identidades y con los marcianos con cencerros en el culo, cosa que sospecho, no ocurrirá nunca. Ese es el negro futuro de la humanidad en cualquier lugar del universo. Y eso es todo.

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