Me ha salido un 'hater'

Vaya por dios, último día de cole y me sale un hater. Cachis... yo que no quería mandar postales desde donde me voy a retirar a meditar los próximos días, y me parece que no me va a quedar remedio que enviar alguna.

Conversaciones en las redes sociales
Conversaciones en las redes sociales

Si alguien se toma tantas molestias con uno, qué menos que saludarle y darle las gracias por el tiempo invertido. Quién tiene un hater tiene un tesoro.

Hoy como tengo ganas de merendola os contaré un poco como funciona esto, amados lectores. El caso es que recibo un mensaje diciéndome que me ha salido un odiador especialmente pringoso y obsesivo, con nombre, apellidos, filiaciones, ocupaciones profesionales, familia, hobbys y esas cosas, todas al aire. Pues estupendo, otro más, pienso, lo normal. Cuando vas por libre y opinas de lo que te sale del ciruelo, siempre hay algún tarambana que quiere que no opines lo que quieras. Ya se le pasará y si no, pues no se le pasará, yo no puedo hacer mucho más.

Suelo recibir un montón de mensajes por el reverso, por cierto. Por detrás de toda la traca pirotécnica del escenario, te bombardean con mil informaciones que si yo no fuera un vividor y sí un periodista, las intentaría contrastar y publicar para echarnos más risas, pero para qué, tengo muy mala memoria para los nombres propios y solo me interesan los cargos públicos, que esos siempre permanecen. Si me da pereza odiar imaginaos la pereza que me da ponerme a contrastar historias de desconocidos anodinos.

Además, tampoco tengo tanto tiempo para malgastarlo en esas cosas de la negra provincia de Flaubert. Se me pasó el arroz para llevar una vida convencional, incluso para ser un líder mundial (Macron es unos meses más joven que yo). Y como escritor tampoco voy a ser porque mi talento literario es nulo (algún avispado lector me lo repite constantemente, como si yo no fuera consciente de ello), me dedico a jornada casi completa a conducir coches, motos, a veces hasta bicis, viajar, leer, escuchar música.

También intento visitar buenos restaurantes, exposiciones interesantes, bibliotecas, librerías únicas, museos atractivos, ciudades, países, buenos conciertos, muchos conciertos... muchos buenos conciertos y correr, que ahora me ha dado por ahí, preparar una media maratón. No me da la vida para más.

Si me dedico a opinar es porque opinar es divertidísimo. Y opinar de las cosas que no quieren algunos de Pamplona que opines, doblemente divertido, y si ya te pagan por ello es de un placer casi absoluto. Mientras no me echen de esta casa seguiré haciéndolo como hasta hora: a mi bola. Comprendo que para una ciudad como Pamplona, hoy tan nacionalistamente conservadora vasca, abrir las ventanas para que se airee a opiniones que no habían oído tan a borbotones nunca, choque, pero también chocaba hace dos días el matrimonio homosexual y aquí estamos, casándonos ya todos con quien queramos, hasta los de derechas, o sobre todo ellos.

Sigamos con lo que quería contar hoy. Es sorprendente lo que se cuece por detrás de las cámaras, de los focos, por donde la gente no mira, por donde se ven los engranajes y las miserias, por donde circula en realidad la vida. Yo que ya no tengo contacto con las redes sociales, me fui aburrido hace tiempo, aún así me entero de todos los cotilleos porque siempre hay alguien que te manda un mensaje y te lo casca, como hoy.

Tienes un hater especialmente desagradable, me contaban, y claro, como al final siempre esperas un enemigo atractivo que te azuce un poco intelectualmente, para volver al mundo terrenal, pues echas un vistazo, a ver si es él.

Decepción. No es Moriarty. Solo es otro talludito paladín con jofaina reluciente en la cocorota, eso sí, especialmente obsesivo, poco cauto por lo que le veo, en eso mi confidente tenía razón, y que va repartiendo estopa pública y odio ad hoc porque no cuentas la verdad cuando opinas, verdad que, cómo no, él decide cuál es y cuál no.

Otro superhéroe del extrarradio creyendo que está combatiendo los males del mundo en su núcleo central sin enterarse de que las opiniones ni son ciertas ni falsas, solo son opiniones. Otro intensito, especialmente agresivo, tampoco en eso no se equivocaba mi informador, persiguiendo sombras y humo y libertades ajenas.

Qué pereza me producen, pero qué pereza, las guerritas personales de parvulario que se quieren montar los justicieros de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor. Le paso el nombre a mi abogado, no vaya a ser que le de por hacer alguna tontería, por tener por donde empezar por si pasa algo, cierro la maleta y pido un Uber para ir al aeropuerto. Hala, me voy de viaje lejos unas semanas... o todas. Gracias, amados lectores, por estos meses de diversión. Y eso es todo.

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