El Día del euskera antes llamado Día de Navarra

El otro día, en los servicios de un restaurante frente al mar donde estaba comiendo encontré una libreta con entradas de un diario que ríete tú de los de Uriarte.

Ainhoa Aznárez, Uxue Barkos y Manu Ayerdi, durante un acto oficial. PABLO LASAOSA.
Ainhoa Aznárez, Uxue Barkos y Manu Ayerdi, durante un acto oficial. PABLO LASAOSA.

“Querido diario. 3 de diciembre. Día de Navarra y mi santo. Me he ido al exilio, cruzando una Navarra nevada, jugándome la vida, para celebrarlo. Estoy frente a la casa de Blas de Lezo, en un puerto repleto de banderas españolas al viento. No he visto tantas banderas españolas nunca como en un puerto vasco. Qué profusión de rojigualdismo, la virgen... acojonante. Solo falta aquí el Azor, de nuevo.

Me he venido a comer una mariscada a Pasajes, a un restaurante en el que tienen un retrato de Victor Hugo, con los vascos de verdad, no como esos que tenemos en Navarra que son así un poco como vascos de restaurante de comida rápida. Adjuntaría foto, pero esto es un diario amanuense, de monje retirado del mundo, y no procede poner aquí cadáveres belicosos con pinzas y armaduras naranjas.

En Pamplona también tuvimos un café con un dibujo de Victor Hugo, pero se lo cargaron para levantar una taberna de carretera de entrada o salida de polígono industrial guipuzcoano, en mitad del bellísimo parque de la Taconera.

Mientras en Navarra no respetamos nada que vaya contra la fe verdadera, ni la comida cada vez más ramplona, en esta Guipúzcoa en la que aún respetan a los escritores franceses se come de lujo. Puestos a que me saquen los dineros los vascos, al menos que me den algo bueno a cambio.

En Guipúzcoa cada vez se está más a gusto, en Navarra más a disgusto. Cerraron el vertedero de San Marcos y yo creo que el detritus en realidad lo han llevado a Góngora, de tapadillo, oposición tras oposición, porque si no, no se entiende este cambio de ambientes entre las dos zonas vecinas.

3 de diciembre. Día de Navarra. Hasta hoy, porque el gobierno nacionalista vasco de Navarra lo quiere diluir en el ácido de sus neuras añadiéndole un homenaje al euskera. Es decir, a su milonga. Es fácil explicarlo. Es como si el seis de julio se celebrara no solo el cohete anunciador de las fiestas de San Fermín sino también el día de las tunas de las facultades de las universidades navarras, haciéndonos a todos rehenes de esa celebración que a la mayoría ni nos va ni nos viene.

Celebre su euskera otro día y la tuna de derecho otro, pero no me meta a mí aprovechando que el Ega pasa por Estella en sus monsergas. Si se celebra el día de Navarra no quiero celebrar nada más. Navarra está por encima de cualquier aspecto particular de ella. Navarra es un todo y particularizarla es desintegrarla.

Tres idiomas tiene mi Navarra: euskera, español y francés. Por comentar, sin más, a ver por qué tenemos que celebrar uno de ellos sobre el resto. El supremacismo euskérico es un aburrimiento absoluto. Primero porque no tiene que ver tanto con el idioma como con el proyecto político vizcaíno con el que sueñan los cansinos aberchándales y segundo porque aburre hasta a la cerda que se llevan a San Sebastián todos los años por Santo Tomas desde Leiza, que este año ha decidido llamarse Ursula, así, en latín.

Con el tiempo, el día del euskera permitirá un rinconcito para que esa provincia provinciana de Euskalnarnia, creo que llamada antaño navarra, celebre un ratito su día o su mañana, pero sin molestar mucho. El euskera será el ente a preservar, Navarra solo un clavo en un ataúd del reino que un día fue.

La justificación para que el euskera comparta de tú a tú celebración con Navarra entera, viene de una trola que ni Recondo, jesuita, giputxi, nacionalista y biógrafo de Francisco de Jaso y Azplicueta tuvo valor de sostener llegado al final de sus días, que San Francisco de Javier supiera esa lengua de la que todos mienten y pocos hablan. Las cartas que cruzó hasta con Ignacio de Loyola nunca las realizó en euskera, supongo que porque se lo prohibió Franco (que tiene el culo blanco porque su mujer lo lava con blablablá...), no porque en realidad no lo supiera.

El caso es que no hay prueba alguna. Es solo un dogma de fe más del nacionalismo vasco, esa otra religión. Si al proyecto vizcaitarra le viniera bien decir que el santo hablaba lapón, seguro que lo ponían a hablar en esa lengua sin disimulo alguno”.

He hecho un corta y pega del último fragmento escrito en la Moleskine que cayó en mis manos, por si alguno sabe quién es el autor, para devolvérsela. Seguro que le alegra reencontrarse con su hijo. Y eso es todo.

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