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En Cascante sí que saben hacerlo. Crónica de Estaciones Sonoras

Hacía tiempo que me había llegado el rumor, casi como quien te cuenta un secreto tapándose la boca para que nadie lo escuche: en Cascante montan un fiestón de música maravillosa, tienes que ir.

Un momento del concierto celebrado en la localidad navarra de Cascante
Un momento del concierto celebrado en la localidad navarra de Cascante

¿En Cascante? Joder... eso tengo que verlo yo con mis ojitos. Se lo comenté a mi amiga R. y a mi amigo C. y nos pillamos la entrada para cruzar el Ebro, otro Rubicón más que rebaso este año (cada segundo recuerdo que soy mortal por eso voy ya a saco), y nos bajamos en coche para resolver el misterio, indagando como quién va tras una sociedad secreta.

Un municipio de Navarra de menos de 4.000 habitantes sacándole los colores culturales a Pamplona, llevando a unos grupos de música admirables y que consigue hasta enredar a las locutoras estrella de Radio 3, que no dejan de hablar en su programa ni un solo día sobre “Estaciones sonoras”, tiene que tener detrás una historia que merece ser contada. El tinglado que monta Radio Cierzo y sus conciertos en Cascante con grupos de primer nivel, me recuerda a ese instituto gallego que da unos premios literarios y que escritores como Mario Vargas Llosa, José Saramago, Haruki Murakami, Alessandro Baricco, Henning Mankel, Erri de Luca o Paul Auster no se han perdido, acudiendo al centro a recogerlos. Me gusta cuando la lógica se disloca y el pez pequeño consigue lo imposible. Me gusta cuando gana el que tendría que estar contra las cuerdas. Me gusta cuando los proyectos bonitos triunfan.

El viernes había estado El Drogas pero entre que la fecha no nos cuadraba por viajes y curros y que musicalmente no es mi rollo, lo dejamos todo para el sábado. El Drogas me cae muy bien, quiero dejarlo claro y por escrito, me significo, con dos cojones, y desde que leí una entrevista que le hicieron a tumba abierta hace unos meses en la revista Jot Down, más.

Tampoco sé muy bien por qué, pero me interesa el tipo y las cosas que dice y cómo las dice. Transcrito queda infinitamente mejor, más claro, fluye, que cuando lo escuchas hablar, tan tímido, que deja el mensaje oculto tras esa máscara y te pierdes muchas veces. Da igual, cosas mías. El Drogas es un cincuentón muy interesante del que discrepar y a su forma, y eso me encanta, está también de vuelta de todo.

Al lío. Lo que vi al llegar fue un pueblo volcado en una idea: divirtámonos, vivamos, riamos, hagamos algo juntos para todos los que quieran acompañarnos. Hagamos algo positivo, algo que sea luz y no tenga un doble sentido. Y vaya, lo consiguieron y me emocionaron. Últimamente tengo la lagrimilla fácil y con (me)cachis de cerveza a solo 6€ y sin tener que conducir yo ni te cuento cómo me puse de llorar cada vez que me acercaba a la barra, entre canción y canción. He estado por trabajo y por relax en muchísimos saraos y en Cascante vi algo que no he visto en ningún otro lado, abuelos con sus nietos en conciertos molones. Incluso en primera fila. Me resultó tan entrañable la imagen que ya solo por eso mereció la pena el viaje.

Fuera del sentimentalismo de ver un montón de gente apostando por una idea completamente ajena a la política y absolutamente cultural, me parecieron soberbios los tres conciertos que nos chupamos. Si pago, quiero calidad y lo que disfruté es calidad de primer nivel. Una organización eficaz, una puesta en escena más que correcta y un sonido espectacular, que a fin de cuentas es de lo que se trata, que aquello que vas a escuchar suene bien... y sonaba de vicio, un cañonazo para los oídos.

Kuve abrió la noche con su pop amable y efervescente, terciopelo cuidado, y nos dejó el cuerpo alegre y listo, rampa de lanzamiento, para salir por la noche ribera disparados como un cohete. León Benavente lió una como no los había visto jamás, y los he disfrutado dos o tres veces ya. Un escándalo de luz, de fuego, de potencia, de músculo para romperlo todo y de velocidad para poner patas arriba al público entregado.

León Benavente lo dio todo. No se guardaron nada, mezclados hasta con los espectadores. Sidonie que también los tengo muy controlados se pegaron un concierto divertido como pocos. Cuando sientes que los músicos que están tocando para ti se están divirtiendo, cuando ves que no es otro día más en la oficina, se rompe una barrera invisible y toda la atmósfera se transforma, desbordada, durante ese rato en un lugar mejor, en un mundo mejor, en una galaxia donde las cosas solo son lo que tendrían que ser siempre: euforia y amabilidad, para todos. Comunión humana. Alegría completa.

Se les veía tan a gusto a Marc Ros y compañía que el público aún se volvió más loco con ellos. A mí fueron los que más me gustaron pero porque como soy de letras, sus letras me fa-fa-fa-fascinan. Mi amiga R. y mi colega C. disfrutaron más con León Benavente pero solo porque son ingenieros y cuando ven algo eléctrico se vuelven majaras. Les pones un cable de alta tensión en cada guitarra y no pueden dejar de saltar hasta que ya todo ha terminado. Cuantos más voltios, más contentos se ponen. León Benavente es una torre de alto voltaje detrás de otra. Al final nos reencontramos los tres con Virginia Díaz pinchando temazo tras temazo hasta que ya no pudimos más y nos retiramos pasadas las cuatro y media de la mañana porque había una hora de camino a Pamplona.

Paseando por el pueblo de regreso al coche con la música de fondo, mirando la luna que estaba preciosa, descendiendo a la tierra después de unas horas de subidón también es la felicidad. Al final en Cascante no encontré misterio alguno, solo ganas de pasarlo bien, presente, amigos, risas... generosidad, amabilidad, buen rollo, diversidad, diversión y ganas, muchas, de repetir. Y buen hacer. Muchísimo buen hacer.

Enhorabuena a todos, sean los que sean, que hacen posible estos días, con sus noches, de gloria. Por cierto, me quedé con las ganas de pillarme la camiseta del festival, ojalá lea esto alguno de la organización y me la mande contra reembolso, que no sé dónde conseguirla ya. Así, sí. Esta es la Navarra que me gusta y en la que me siento a gusto. Gracias por una gran noche, cascantinos. Nos volveremos a ver. Y eso es todo.

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