Yo vi a Albert Boadella en Pamplona

La Pamplona nacionalista vasca del cuatripartito es una ciudad muerta y a la vez desquiciada, silenciosa en sus calles y gritona en sus corrillos digitales, tras los visillos de viejas dos punto cero que con ojos de odio no miran, anotan para delatar en la redes.

El actor y dramaturgo Albert Boadella participó en una charla coloquio sobre Cataluña organizada por Sociedad Civil Navarra.  MIGUEL OSÉS
El actor y dramaturgo Albert Boadella participó en una charla coloquio sobre Cataluña organizada por Sociedad Civil Navarra. MIGUEL OSÉS

La Pamplona nacionalista vasca es una ciudad donde los viejos, de apenas treinta años porque en Pamplona los viejos lo son desde jóvenes (con 20 ya son unos carcamales de cuidado), emponzoñan el alma de todos en los rellanos de la comunidad con pancartas, amenazas y consignas.

La Pamplona de la que me fui hace tiempo parece un Portua Hurrako con aceras de parches de cemento que recuerdan a cómo termina con todo la mafia en las pelis, y por lo que me cuentan, donde ya no se venden ni libros.

Asustados se han quedado los libreros de la última feria del libro de lance por sus nulas ventas. Yo qué sé, le decía a mi amigo, quizás que te vean comprar libros a la gente le ha empezado a dar miedo porque te hace sospechoso, te significa, porque quien lee piensa y quién piensa va por libre y eso te pone en el punto de mira de la maquinaria de ingeniería social nacionalista del cuatripartito, empeñada en la creación de una sociedad de granito, uniformada, sin fisuras, que no piense pero que embista mucho. Pamplona está triste y acabada. RIP.

Pues bien, en esta ciudad donde el nacionalismo, que ya ha ganado porque no le hace falta que nadie pegue tiros en su nombre para tenerlos a todos bajo control, alcanzados sus últimos objetivos, a veces pasan cosas, casi clandestinas, a las que hay que ir. La résistance, mes amis. Nous sommes la jodida résistance. Que uno de los mejores intelectuales contemporáneos venga al barrio de tu infancia bien vale coger el coche, ese símbolo de rebeldía y libertad, y acercarse a escucharlo, realizando un aparcamiento heroico en un campo de minas para automóviles que es en lo que han convertido esta ciudad los que mandan.

A lo que vamos, Albert Boadella, que es un puto genio, ha venido a esta Pamplona txeroki y había que estar ahí, conspirando contra el pensamiento único nacionalista, contra el poder establecido de los hechos diferenciales inexistentes, contra la xenofobia que esos hechos diferenciales que no existen crean en la gente y que han dejado Pamplona como una escombrera social.

La dictadura de los hermanos Ezker hecha ciudad, barrio, calle, portal de vecinos. Hace tiempo que cuando me pregunta algún incauto que quiere acercarse hasta Pamplona por el sitio más bonito que tiene le digo que es el cartel tachado con su nombre que te encuentras cuando sales. Hasta ese punto ha llegado ya mi desesperación con la ciudad donde nací.

Conferencia de Boadella. Hasta los topes. Boadella es chaparro, despierto, inteligente como pocas personas he conocido, y mira con una ironía de quién se ha pegado la vida sacándole punta a la realidad y rascando a los poderosos hasta que les escuece y le levantan la mano, amenazante. Caigo en la cuenta de que pese a que he visto un montón de sus obras, dejándome las palmas aplaudiendo a Els Joglars por los teatros, nunca lo había visto en persona.

Verlo sobre un escenario es verlo en su medio, como quien ve un rayo en una tormenta o una carcajada por algún chiste políticamente incorrecto en mitad de una reunión de amigos de toda la vida. Boadella es uno de los mejores intelectuales de nuestra época y ha sido un lujo entrar al Civivox de Iturrama para disfrutar de sus ideas, de su voz, de su puesta en escena.

Boadella es un titán encerrado en el cuerpo de un ciudadano universal de 74 años. Es uno de los nuestros, con ese suave acento catalán repleto de seny con el que llenó la tarde clandestina y libertaria. Tuve la sensación de que en cualquier momento podía entrar la politzia griseak en aquel salón de actos y disolvernos, pero afortunadamente les dimos esquinazo esta vez.

¿Qué le ha pasado a mi tribu? Tituló Boadella a su charla. Y se puso a contarlo como quien cuenta una historia muy sencilla. Básicamente dijo lo que ya se sabe pero que es importante expresarlo una y otra vez, para que cale. El nacionalismo es la destrucción y con la destrucción no se dialoga, a la destrucción se le combate como se combate a las dictaduras, con todos los mecanismos del estado de derecho. Se agradece que en estos tiempos de exaltación de muchos idiomas pero sin nada que decir con ninguno de ellos, encontremos a uno que diga en el idioma que sea algo tan claro como lo que dijo Boadella en Pamplona la pasada tarde del viernes. Y eso es todo.

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