Articulo de Ancín para Ancín

Como en esta comunidad vale ya todo, yo también me apunto al sindiós gubernamental y de los progubernamentales y voy a hacerme un regalo: dedicarme un artículo. Con un par.

Un chico con vaqueros y zapatillas descansa en el camino.
Un chico con vaqueros y zapatillas descansa en el camino.

No sé cómo he llegado hasta aquí porque yo soy un puto crío imberbe, creo que no he salido nunca de ese espacio que existía entre el COU y la selectividad mental, aunque ya tenga muchas canas en el mentón, una frente que se hace mayor de edad cada semana y desmadre mucho menos (a ratos) en los bares de lo que escribo por aquí. Ayer me alcanzaron los cuarenta años, con lo joven que yo era y lo mucho que había corrido para evitarlo.

El inexorable paso del tiempo es una puñeta muy gorda, y aunque la edad no deje de ser un acto administrativo más, jode cuando llegas a cifras míticas. Impresiona ver tanta vela en la tarta, la verdad, acojona mucho más bien, pero afortunadamente, lejos de sentirme ya un habitante de Pamplona acabado, lánguido, con aretes oxidados en las orejas y barriga antirrevolucionaria y antisistema de funcionario con euskera, valga la redundancia, o con zapatos sin cordones y camisa de manga corta (mal fatal, la camisa siempre de manga larga), que aquí hay para todos, me han caído como un salvoconducto maravilloso. Al mal tiempo buena cara y si  graniza, para mojitos.

Ya puedes hacer (más) lo que te de la gana, pone en el documento, que al final del trayecto no hay premio alguno. Jamás dejaré de usar vaqueros, camiseta y zapatillas y por ahora voy cumpliendo mi promesa, puño en alto, a lo Escarlata O'hara que me hice después de tres interminables años de trabajar con traje y corbata de no volver a ponerme para ganarme el sueldo jamás esa prenda del infierno. Currar con traje es de pobres. Que se lo digan al Spiderman Cuenca, el concejal y empresario, si no.

Ya por fin puedo ser un Rolling Stones con todas las consecuencias y que le den morcilla al mundo. Ahora ya sí que puedo sostener, ante notario, que no pienso madurar en el sentido clásico de la palabra, jamás. No es que vaya por libre, es que soy demasiado liberal para no ir por libre.

Estoy en plena forma, como Keith Richards, y va todo esto ya de la vida a una velocidad tan alta que no hay tiempo ni para hacer planes. Se me queda corto hasta Gil de Biedma porque lo que va en serio no es la vida, sino la muerte. No hay retaguardias cuando llegas a la mitad de la excursión y ya solo te queda bajar más o menos a trompicones hasta, para los creyentes el paraíso, para los nacionalistas su euskalhernía soñada de ovejas latxas, lluvia a cántaros y albarcas con calcetín gordo y para los que somos ateos, la nada.

Así que antes de que nos estampemos contra la nada cultivaré mi gran pasión, ser un vividor, con todas mis fuerzas. Eso sí, seguiremos buscándole sin descanso las costuras a esta ciudad para reventarlas, para encontrar ese tercer ensanche que tanta falta hace, para crear un espacio nuevo, moderno, alejado de todo el vinagre que hemos conocido los de mi quinta. Urge un nuevo Privilegio de la Unión con el que empezar de cero. Yo al pasado ya solo voy para rescatar discos.

Te ahorras muchos disgustos. Ando estos días, por cierto, con el Ok Computer de Radio Head, fascinado, a mi edad, tanto que lo pondría de himno de mi Pamplona soñada. El mes que viene cambiaré de himno seguro, que ya no tengo más dogma que ir contra los dogmáticos, pero mientras, disfruto de ese disco que es sorprendentemente bueno.

En fin, no sé está mal del todo en este retiro espiritual en el que me he instalado, como un francotirador a su bola, una suerte de Vasili Záitsev foral, a observar la realidad y sobre todo, a atizarla como me da el aire desde esta columna. Gracias a los amados lectores por permitirme esta licencia de artículo. Me apetecía mucho darme un capricho así. El próximo día volvemos al trabajo. Prometido. Y eso es todo. 

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