Opinión / A mí no me líe

Mirando a Cuenca-Kuenka

Por Javier Ancín 22 Diciembre, 2017 - 0:12

¿Amabilización? Mire, se lo diré con las palabras de mi recién estrenada biografía: vaya a vender sus neuras a otra parte, aquí estamos servidos.

Armando Cuenca, concejal del Ayuntamiento de Pamplona. IÑIGO ALZUGARAY.
Armando Cuenca, concejal del Ayuntamiento de Pamplona. IÑIGO ALZUGARAY.

Lo más lejos que puedes estar del mundo sin necesidad de salir de él es escuchando una canción de Battiato. Formalmente, si la diseccionas, si la divides en elementos simples, solo encuentras materiales que puedes encontrar en la tierra, pero el conjunto es un complejo artefacto, un meteorito inteligente que vuelve al espacio, llevándonos lejísimos.

Qué maravilla es perderte en ese italiano por los surcos del vinilo, un universo efímero, que termina en cuanto decides que hay que echar de comer a los patos. Ay. La felicidad es un estado biológico donde las chorradas de Pamplona no existen. Battiato, no te mueras nunca. Eres mi única patria.

En fin, aterricemos, sobre Cuenca-Kuenka, el Armando Cristos. Cristo, nunca mejor dicho, como aquel artista o gilipollas -yo que sé ya qué es el arte y qué no-, que liaba en los noventa del siglo pasado unas pajarracas tremendas -performances las llaman otros-, envolviendo edificios por el mundo. A mí me sacas de Jeff Koons y todos me parecen unos tristes.

Cuenca-Kuenka sigue jugando con Pamplona como un dios en pañales, cagado y meado, balbuciendo estupideces, mandando plagas a escupitajos, al que su progenitor H y su progenitor B, es decir, el alcalde Asirón, le ha dado una ciudad para que la destroce a su antojo. Esto ya sale en un capítulo de los Simpson, por cierto, que como todo el mundo debería de saber, ya lo han profetizado todo.

Asirón está a otras cosas de mayores, por ejemplo, a pleitear contra ciudadanos que le pagan el sueldo y el abogado con el que pleitea, y que sistemáticamente la justicia le quita la razón. A Asirón, el Basajuán de Tzitzur (sic y sic), todo le sale gratis. En cambio, a los pobres padres que el ayuntamiento les ha reventado sus derechos a euskomartillazos en la escuela municipal a la que iban sus peques, les toca pagar doble: sus propios abogados y los del ayuntamiento que recurren y recurren y recurren, incansablemente contra esos ciudadanos.

Asirón es un jetorra, pero como es batasuno, se le perdona todo y nadie tiene huevos de pedirle que dimita. No vayan a desperezarse los camisas pardas de su ideología y la lien cualquier día en cualquier parte. Ay, qué ciudad, “michicos”. Qué ciudad donde la amenaza aún está latente en cada esquina, en cada cartel, en cada comentario anónimo, en cada manifa... Que se lo digan a mosén Nuín, que el otro día, como ya contamos, se puso muy nervioso al reconocer el “ojito, ojito, que parece que no te acuerdas con quién te estás metiendo”.

Sigamos. Cuenca-Kuenka es un crío mimado que se aburre de todo al instante. ¿Alguien se acuerda de la murga que dio con los triciclos aquellos de país comunista oriental que compró -con el dinero de todos, como los libros que le compramos a su librería, también con el dinero de todos- para que "voluntarios" llevaran de paseo a los yayos y que, vete a tú a saber en qué trastero cogiendo mierda están ahora, dos meses después?

Cuenca-Kuenka es un consentido porque mientras hablamos de la pocilga estética de aceras de hormigón que nos ha dejado, Asiron puede seguir disimuladamente con su objetivo místico -otro Junqueras iluminado- de ingeniero de almas y ponedor de sus banderas y su idioma y sus amigoak y sus neuroak a todos.

En fin. Pincho en el periódico y leo lo que dicen las asociaciones de comerciantes del Casco Antiguo y del Ensanche. "Ruina para los comercios de Pamplona por los cambios de Asirón: pierden 117 empleos y 10 millones de euros".

Vaya, quién lo iba a sospechar, que creando un foso de los cocodrilos entre la ciudad y la parte "amabilizada" la gente pasara mucho de acercarse al centro y prefiriera coger el coche, conducir diez minutos y plantarse en una gran superficie de las afueras para hacer sus compras sin ordenanzas incomprensibles, sin multas, sin follones con los munipas, sin sandeces.

Batasunos y anticapitalistas de Pamplona, valga la redundancia, sois unos putos genios. Bravo, me quito el cráneo ante vosotros. Seguid así. Lo estáis haciendo muy bien. Y luego el que odia Pamplona soy yo. Je. Pues hay otros que disimulan su amor por ella muy bien. Mi más sincera enhorabuena.

Como hay Dios que ya tenéis un voto más las próximas elecciones. El mío. A ver si termináis de hacer el trabajo de demolición y dejáis esto como un absoluto solar, vuestro euskosolar. Quien deja de sufrir por la decadencia de la ciudad, porque ya no hay ciudad, descansa. Pamplona, cerrada por derribo, con ikurriña por encima como esa manta térmica de color metálico que le ponen a los muertos en las películas. Habéis asesinado el futuro. Y eso es todo.

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