18 de julio

¿Y ahora? Ni idea. Llega el 15 de julio que da paso al 16, 17,... y nunca he sabido muy bien si se acaba el verano o empieza después de los Sanfermines.

La tómbola de Cáritas echa el cierre tras los Sanfermines de 2017 con todos los boletos agotados. PABLO LASAOSA
La tómbola de Cáritas echa el cierre tras los Sanfermines de 2017 con todos los boletos agotados. PABLO LASAOSA

18 de julio. 1:00 de la madrugada y tirado en el césped de Yamaguchi con los manos entrelazadas en la nuca. 28°C. 18 de julio... una vez en esta fecha tuve un accidente que no me costó la vida, abrasado como una puta bruja en manos de la Inquisición, de milagro.

El milagro no fue asunto de Dios, si no de mi prudencia cortando el gas la noche anterior a que todo saltara por los aires por una fuga cabrona de propano o metano o butano... o algo acabado en ano. Salou, apartamento mirando al mar. Más de Pamplona no puedo ser, para los que me mandan a Cuenca porque digo que las fiestas de mi pueblo o se reinventan o morirán, joder, como yo, que casi muero en Salou, una mañana de tranquilidad después de unos Sanfermines en los que corrí encierros como un veinteañero suicida sin un rasguño.

Nunca sabes la teja que te va a matar pero como no te mate y te deje muy herido, de algunos sitios no vuelves siendo el mismo cuando te curas. Hay episodios en la vida que te rompen tanto que o te creas otro personaje con el que empezar no de cero sino de menos cien, hasta el siguiente hostión, o mejor quedarse en la cuneta esperando que el hollín de los tubos de escape te cubran y no quede de ti ni el recuerdo. Si llega a salir bien aquella jodida bola de fuego aquí varios estajanovistas de la tecla se habrían ahorrado todos los comentarios a mis escritos, que en realidad se hacen a su espejo, que Freud es un cabrón con pintas para estas cosas, aunque ellos no lo sepan.

Es divertido escribir, lo confieso, lo que no te cura es la misantropía, también lo digo. Si alguien quiere escribir para curarse mejor que se pegue un tiro y acabe con todo rápidamente porque escribir no cura nada, sólo acrecienta males, misantropía incluida, o sobre todo ella... pero te diviertes, y mucho, por el camino. En fin... es la vida, no la invente yo. A mí me dibujaron así.

¿Y ahora? Pues no lo sé, se está a gusto aquí tirado, mirando las estrellas, las luces estroboscópicas de los aviones, incluso algún satélite. Me impactó más la primera vez que vi un satélite recorriendo la noche, hace un año más o menos, en otra vida, que ver una estrella fugaz.

¿El ser humano es capaz de eso? Vaya... y dejé las estrellas fugaces, que mienten siempre, por la búsqueda de más trastos humanos de esos en la noche, que serán más prosaicos pero también más eficaces. Podría incluso ir a casa y buscar esa peli de Clint Eastwood en la que un Kevin Costner joven, quizás tan viejo como yo hoy, está en mi misma postura en el único fotograma que recuerdo de esa obra, tirado en la yerba con las manos por almohada. También podría volver a ver Lost in Traslation o El verano de Kikujiro y dejar de ser alimento para hormigas y mosquitos en este parque, pero hay tanto silencio que solo soy capaz de disfrutarlo, sin poder hacer nada más.

18 de julio, y yo esperaba una buena noticia hoy, 2017, para el futuro, pero no se ha producido. Tantas cornejas a la siniestrada ayer conduciendo me tenían que haber hecho sospechar sobre mi mala suerte. Otro 18 de julio de mierda más en mi historia. Aún así, seguro que alguno tiene los santos cojones de venir aquí no a hablarme de fascismo si no a llamármelo, para variar y enmierdarlo de paso todo un poco más.

Uno de esos que está loco porque la sociedad olvide los crímenes que su ideología nacionalista vasca cometió durante los últimos cuarenta años de democracia, para centrarse sin pudor alguno, solo en los anteriores cuarenta, mientras se rasga las vestiduras además, como un fariseo.

Y mientras tanto personas como yo, que somos legión, llevamos perdiendo en silencio desde hace 80 años o un siglo o dos milenios o veinticinco puñeteras reencarnaciones. No conozco bando que no me hubiera querido fusilar sin esperar al amanecer, por ejemplo, llegado el caso.

Qué puta pesadilla, joder, estar siempre en el lado de los que pierden siempre. Alguna vez espero ganar algo, aunque solo sean unos caramelos Jarauta de café con leche en la tómbola sanferminera de Cáritas. Mientras tanto anoto otra derrota personal que me ha sucedido. Yo sí que tengo claro que el 18 de julio es una fecha horrible. Siempre. Y eso es todo.

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