La lista única, el euskara y los únicos listos

Como sabrán ya todos los lectores, el Gobierno de Navarra tiene la intención de convocar una Oferta Pública de Empleo de profesorado estableciendo un sistema de lista única.

María Solana, consejera de Educación del Gobierno de Navarra. PABLO LASAOSA
María Solana, consejera de Educación del Gobierno de Navarra. PABLO LASAOSA

¿En qué consiste dicho sistema? Hasta ahora se ha empleado un sistema de doble lista, según el cual se realizaba un examen para optar a plazas en euskara y otro para optar a plazas en castellano -siendo el conocimiento de euskara valorado como mérito en estas últimas-.

Con los gobiernos de UPN ambos exámenes se convocaban el mismo día; con el cuatripartito, en días diferentes. Ahora con el sistema de lista única se pretende que todos los opositores hagan un examen, en castellano o euskara a su elección, y que, si aprueban, puedan elegir plaza tanto en castellano como en euskara (naturalmente, para esto último, si acreditan su conocimiento).

Los partidarios de este sistema argumentan, básicamente, tres cosas. Una, que es el sistema que rige en las demás comunidades bilingües. Dos, que es la demanda de los sindicatos mayoritarios. Y tres, que la doble lista era discriminatoria con los vascoparlantes, porque dado que son bilingües y están capacitados para enseñar en ambas lenguas, o bien tenían que elegir entre presentarse a la prueba para plazas en vascuence o para castellano, o bien tenían que realizar esos dos exámenes. Invito a los lectores a ver un resumen de este último argumento en una curiosísima infografía del sindicato LAB.

Los detractores del sistema de lista única, por el contrario, entendemos, en primer lugar, que no se puede pasar por alto que no toda Navarra es bilingüe. El euskara es cooficial sólo en la zona vascófona, una zona creada, no por el capricho de una mayoría parlamentaria, sino como reflejo de nuestra pluralidad lingüística.  

En segundo lugar, respecto al argumento de que la lista única es “una demanda de la mayoría sindical”, lo es, en efecto, de la mesa sectorial, aunque no en la representación de los docentes. Una mayoría que será aún más amplia en el futuro, en la medida en que el predominio nacionalista entre el profesorado se incrementará merced a la lista única. Les apuesto que si el Gobierno consigue que se valore el euskara con un mínimo de un 7% para todo el empleo público en Navarra, al cabo de diez años la “mayoría sindical” verá justo y lógico que se exija el euskara a todo el funcionariado.  

En tercer lugar, un sistema de lista única tendrá como efecto que los vascoparlantes (el 12-13% de la población) copemos el profesorado navarro. A título particular añadiré que, en la medida en que entre los jóvenes vascoparlantes predomina largamente el nacionalismo (una desgracia de la que me lamento con frecuencia y a la que creo que nos toca a los no nacionalistas poner remedio, reivindicando también como nuestra la cultura vasca), este sistema no sólo consagraría una discriminación positiva en favor de la minoría vascoparlante, sino que traerá consigo que más nacionalistas obtengan plaza de predicadores, no ya en el modelo D, sino también en los modelos lingüísticos en castellano.

Sé que hay docentes nacionalistas íntegros y honrados que nunca se han rebajado a utilizar la tarima para hacer propaganda política (lo mismo, por cierto, que trato de hacer yo). Pero sé también que lo contrario dista mucho de ser una excepción –y las recientes informaciones sobre Cataluña nos confirman que las malas prácticas de algunos docentes han preparado el terreno para rupturas sociales muy preocupantes-.  

“Pero, ¿un sistema de doble lista no penaliza a los opositores bilingües por el hecho de saber ambas lenguas? ¿Saber euskara y castellano no es un mérito que debería reconocerse?” Verán, si un ayuntamiento necesita enterradores, tendrá que demandar a los candidatos competencias relacionadas con el desempeño de las funciones de enterrador. Pero no podrá pedir ni valorar el dar masajes terapéuticos, por muy útil que sea el saber darlos. Para dar clases de matemáticas en castellano ser euskaldun no añade (ni quita) nada. ¿Por qué tendría entonces que tenerse en cuenta como un mérito decisivo? Valorarlo en la misma o parecida medida que otras lenguas más universales ya parece bastante generoso.  

Se insiste en que los profesores euskaldunes están igual de capacitados para impartir clases en castellano como en euskara. Casi se diría que aquellos que han estudiado en el modelo D son más listos que quienes lo han hecho en castellano (torpes “Mortadelos” en la infografía de LAB). Yo dudo de esa idéntica competencia. Una lengua se compone de diferentes registros, cultos y coloquiales. 

Aprendemos a usar los registros cultos y el vocabulario técnico que los acompaña, no en el seno de la familia, ni en la calle, sino en los centros de enseñanza. Si el nativo de un idioma no los aprende, su nivel de conocimiento de la lengua será sencillamente peor del que quien sí ha sido entrenado en ellos. ¿Es el caso de los que estudian íntegramente en euskara? En mi caso personal, por lo menos, fue así –con el agravante que al salir de la ikastola no sabía expresarme bien ni en castellano, ni en euskara-. Las puntuaciones muy diferentes que los mismos opositores han obtenido cuando han realizado la misma prueba en castellano y en euskara –como han explicado mis compañeros Alberto Catalán y el socialista Carlos Gimeno-, harían pensar en un grado de competencia diferente en cada idioma.

¡Eso, o los correctores de las pruebas en euskara eran muchísimo más generosos! Los malos resultados que el País Vasco obtiene en los informes de PISA, pese al mayor gasto público del Gobierno Vasco y a la menor presencia de alumnos con necesidades especiales, podría ser otro indicio de que dejar de trabajar competencias lingüísticas cultas en castellano para trabajarlas en vascuence, tiene (lógicamente) un precio.

Varias veces he repetido que, si aspiramos a una convivencia sana, todos debemos comprender que a los navarros que hablamos euskara no nos sobra nada, pero que a los navarros que no lo hablan tampoco les falta nada. Estos últimos no tienen que remediar su desconocimiento del euskara como si fuera una carencia vergonzosa.

El 13% tiene derecho a hablar euskara, pero el 87% no puede verse presionado para aprenderlo para no verse perjudicado en el acceso a la función pública. Dominar un idioma, sobre todo en los registros cultos, no es nada sencillo. Exige muchos años de esfuerzo y no hay garantía de éxito. Los 700.000 euskaldunes del planeta podemos estimar mucho nuestro idioma, pero debemos comprender que otras personas entiendan que el trabajo de aprenderlo estaría mejor empleado si lo dedicaran a aprender otras lenguas con centenares de millones de usuarios.

Que el euskara sea muy de esta tierra no representa un argumento de peso en una sociedad tan plural y multicultural como la que formamos y en la que, nos guste o no, la lengua conocida por todos es el castellano, y el vascuence sólo es hablado por una minoría. 

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