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¿Quién cuida a quien nos protege?

Por Gustavo Galarreta 14 Enero, 2018 - 9:47

Me gustaría no tener que hacer este artículo pero la realidad es así de cruda y no podemos obviar una realidad que se da en nuestra sociedad, estoy hablando del suicidio y en concreto de los suicidios que se producen dentro de los cuerpos de seguridad.

Un agente de la Policía condencorado. IÑIGO ALZUGARAY
Un agente de la Policía condencorado. IÑIGO ALZUGARAY

Desde antiguo se ha intentado obviar esta problemática apartándola de toda forma de difusión, incluso ocultando casos por el miedo al qué dirán. Pues bien, de un tiempo a esta parte ya son varios los organismos, fundaciones y distintas asociaciones las que están intentando cambiar esta dinámica con unas metas muy claras, como son; dar a conocer que el suicidio se puede prevenir y que hacen falta políticas de prevención.

Las personas que diariamente se enfrentan a muertes violentas no son súper héroes por el hecho de llevar uniforme y mucho menos maquinas que carecen de sentimientos y empatía con quien pierde a un ser querido en circunstancias difíciles.

Esa carga emocional es difícil de gestionar y de digerir, son quienes nos protegen los que se enfrentan a este tipo de cargas y ese tipo cargas no se quedan en la taquilla cuando se quitan el uniforme. Unos de los episodios más duros a los que se enfrenta un policía, es; cuando atiende un intento de suicidio y en la mayoría de las veces son los primeros actuantes esté o no consumado, es por eso que cuando ponemos sobre la mesa la problemática del suicidio dentro de las distintas policías debemos detenernos en el capítulo de que la mayoría de policías ha participado en alguna actuación relacionada con suicidios.

Como bien dice la Fundación salud mental España tenemos que sacudirnos los mitos que sobre el suicidio hemos creado; “quien se suicida quiere morir” cuando deberíamos indicar que no quiere morir si no que quiere dejar de sufrir. “Hablar del suicido incita a hacerlo” cuando está probado que abordar esta problemática facilita la superación de ideas suicidas. “Quien lo hace no lo dice y quien lo dice no lo hace” está más que estudiado que la gran mayoría de suicidios están precedidos de señales de alerta, las cuales nunca deben subestimarse.

Dentro del colectivo de quien proporciona seguridad en España, es la Guardia Civil quien tiene una tasa superior a los demás cuerpos en materia de suicidios, con la escalofriante cifra de un suicidio cada 26 días. Navarra no es ajena a esta problemática así como nuestros policías que visten los distintos uniformes tampoco son ninguna excepción a este problema y se dan casos todos los años.

En datos generales al respecto del total de la población navarra, según estadísticas del 2015 se cifraron en 53 los suicidios ocurridos en nuestra comunidad foral, por lo cual se cifra en un suicidio a la semana en Navarra con una tasa casi equivalente entre hombres y mujeres.

Está claro que la profesión policial es una de las que más sufre el impacto de los suicidios y es por eso que las políticas de prevención tienen que ponerse sobre la mesa de forma inmediata, la salud mental de quienes se enfrentan al suicido es de vital importancia, pero si no empezamos sensibilizando a la sociedad y a este colectivo en concreto poco habremos avanzado en este campo.

Las nuevas políticas que siguen algunas policías respecto a la detección de trastornos de conducta en materia de prevención de suicidios dentro de la policía se basa en lo que se puede denominar como “grupos centinelas”, que dentro de los grupos de trabajo tienen la formación suficiente para saber detectar los distintos indicadores de una posible tendencia suicida o simplemente una tendencia que afecte a la salud mental de un compañero.

Está claro estas alertas tempranas no funcionarían si no existiera unos protocolos sencillos pero reales para enfrentase a estos problemas tan complejos además de unos servicios de salud mental que tengan las herramientas suficientes para realizar un trabajo de prevención y divulgación de esta materia.

En mi opinión; son los propios compañeros de quien tiene un posible problema los que tienen que estar dotados de las herramientas suficientes para poder ayudar a  paliar esta lacra. En primer lugar; formación sobre esta materia y que no sea un tema tabú dentro de las comisarías.

En segundo lugar; crear protocolos en los cuales sin dilatar los casos con largos procesos administrativos o médicos se puedan atajar o prevenir los posibles casos. Los trastornos de conducta tienen que tener una definición clara fijándose en los indicadores como irresponsabilidad y comportamiento reflexivo, lentitud anormal, agresividad verbal o física, incoherencia o falta de lógica, inquietud en los movimientos, menosprecio hacia sí mismo o hacia los demás, persecución, visiones extrañas, desorientación espacial y temporal, estos así como otros trastornos evidentes tienen que tener respuesta de forma afectiva más y cuando el acceso a las armas que tienen los policías es diario e inmediato.

Entiendo que es un tema de la suficiente gravedad, que necesita de una revisión en todos los parámetros posibles; desde la difusión en los medios de comunicación hasta el poder realizar unas campañas de prevención a todos los niveles sin que sean generadoras de polémica, así como se pueden prevenir los accidentes de tráfico también se pueden prevenir las conductas suicidas con la salvedad que por suicidio en España mueren el doble de personas que por accidentes de tráfico.

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