¿Quién protege a Nadia?

Los padres de Nadia, la niña que padece una enfermedad rara y que todo indica que se convirtió en un negocio para ellos, para lo que no dudaron en mentir, en engañar, en extorsionar y en convertir una enfermedad en un modo de vida, están ya condenados.

Nadia junto a sus padres.
Nadia junto a sus padres.

No ha habido juicio, pero ya ha recaído sentencia popular sobre ellos. Sobre ese desprecio generalizado al mandato constitucional de la presunción de inocencia se ha escrito mucho, pero no sirve para nada. En este país se ha decretado la presunción de culpabilidad y no parece que haya solución, salvo que los medios y los jueces fueran capaces de encontrar juntos soluciones que permitan una información seria y responsable, una investigación seria de las filtraciones y un respeto a los derechos de los que no han sido juzgados.

Unos y otros deberíamos hacer una profunda autocrítica para no convertir la justicia en espectáculo pero, sobre todo, para no dañar los derechos de una persona, sea la que sea, mientras no haya una sentencia sobre sus acciones. No sólo un acusado es inocente mientras un juez no le condene, sino que tiene derecho a que todos -no sólo los periodistas- le tratemos como inocente mientras no haya un fallo judicial condenatorio.

Como decía no hace mucho la periodista María Peral en un artículo publicado en la revista Abogacía Española, "la publicidad del proceso, nacida como una garantía para el justiciable, se ha vuelto en su contra. Y esto es una responsabilidad indiscutible de los medios, que obligamos a quienes están sometido a un proceso criminal a defenderse en el foro y fuera de él".

En el caso de los menores como Nadia, esta situación exige, en mi modesta opinión, una profunda reflexión. La reciente noticia sobre la supuesta existencia de unas fotografías pornográficas supuestamente tomadas por el padre o los padres de Nadia, filtrada, al parecer por los Mossos d'Esquadra de la Generalitat y luego reconocida de alguna manera por un auto del juez, ha provocado un aluvión de informaciones y de comentarios.

Si son verdad, al margen de un nuevo delito, son una monstruosidad que a todos nos repugna. Pero, ¿y si esa investigación se queda en nada? El juez tiene que probarlo, pero la sociedad ya ha juzgado. No se sabe casi nada, sólo que existen fotos en un pendrive o en varios. La gente da valor, incluso, a la información porque les han incautado trece pendrives. "No es normal", dicen los que juzgan, como siempre sin saber nada.

Pero lo que más nos debería preocupar es el futuro de Nadia. Cuando esta niña vaya al colegio, cuando sea un poco mayor, adulta, cuando alguien la mire, cuando haga cualquier cosa, toda esa información, veraz o inveraz, todos esos comentarios con o sin fundamento, estará en lnternet, inundará las redes. Sus padres serán declarados culpables. O no... Pero el daño causado a Nadia es y será terrible. ¿Quién protege a Nadia, la víctima inocente, la más vulnerable? Deberíamos hacer todos un ejercicio de prudencia y pensar cómo nos sentiríamos si, en lugar de Nadia, fuera una hija nuestra la protagonista.

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