Necesitamos los mejores profesores

Casi todos los problemas que tiene España se solucionan, o se empiezan a solucionar, con la educación. Pero, desde luego, no se pueden resolver si no se empieza por la educación.

El crecimiento económico depende de la innovación y ésta de la inversión en educación. La crisis ha hecho que casi todos los países europeos -con la excepción de Alemania- hayan disminuido sensiblemente sus inversiones en educación. En el mundo, además de Alemania, sólo dos países han invertido más en este tiempo: China y Corea.

La tendencia mundial ahora mismo es a no crecer o a reducir las inversiones. Los resultados los veremos en pocos años, cuando los que apuestan realmente por el futuro nos pasen por tierra, mar y aire. Si les damos una década más, nunca podremos estar a su nivel.

España estaba haciendo progresos antes de la crisis, pero el proceso se estancó y cayó. En 2015, con un cambio de tendencia, nos hemos puesto... al nivel de 2006. Imaginen lo que nos queda para recuperar lo perdido. Y como decía hace unos días en Madrid, Kurt Deketelaere, secretario general de la Liga de Universidades Europeas de Investigación (LERU), éste no es un problema del ministro de Educación sino de los de Economía y Hacienda, de los que dependen los fondos.

A ellos es a los que hay que presionar y convencer demostrando el impacto económico de la educación. No es fácil en ningún país europeo, pero en España aún es más difícil. No podemos tener el mejor personal, la mejor formación si no tenemos el mejor soporte financiero y no financiero.

La educación en España, antesala de la investigación y de la innovación, está en vías de discutir un Pacto de Estado, imprescindible desde hace décadas y que ningún partido ha querido abordar en serio nunca. Fruto del desacuerdo han sido leyes como la LOGSE o la LODE que son culpables de muchos de los males de la educación española hoy y del inmenso fracaso escolar que produce el sistema.

Aunque soy escéptico respecto del verdadero interés de los implicados, hay que apoyar el pacto porque es imprescindible. Pero no hay que empezar por escuchar a los políticos los sindicatos o las asociaciones de padres, sino por oír a los profesores. Sin ellos, no habrá pacto. Y sin un alto nivel de exigencia para tener los mejores profesores no habrá éxito.

En Cataluña quieren poner en marcha un MIR, como el de los médicos, con una nota más exigente para iniciar la carrera, cinco años de estudios, prácticas pagadas durante un año en una escuela, mientras cursan el máster específico en docencia, formando parte durante ese año del claustro de profesores y tutorizados por un docente.

Y sólo después, el título profesional que habilita para el ejercicio. Suena bien. Necesitamos los mejores profesores en preescolar, Primaria, ESO y Bachillerato si queremos que a la Universidad lleguen -no como ahora- alumnos listos para estudiar una carrera universitaria, futuros investigadores y mejores profesionales.

Eso sí, máxima exigencia al empezar la carrera, reciclaje profesional permanente, controles de su actualización... y sueldos a la altura de su esfuerzo. Escucharles, ahora, y darles prestigio y autoridad, después.

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