El belén de Pablo Iglesias

Pablo Iglesias dice que cada Navidad monta el belén en su casa y canta villancicos con su abuelo.

Será verdad, claro, pero este año le han montado el belén y no sabe qué hacer con las figuras. Se veía venir. Las diferencias entre quienes forman ese conglomerado son profundas y sólo les une la razón de arranque, el descontento social que han sabido capitalizar mejor que nadie, la lucha unida por echar del poder "a los de siempre", el intento de acabar no sólo con el PP sino con el PSOE, su verdadero enemigo. Hasta hace poco lo habían hecho muy bien, entre otras razones porque el PSOE lo ha hecho muy mal.

Durante mucho tiempo, Podemos ha camuflado su ideología, sus propósitos y sus costuras. Pero cuando se ha formado Gobierno, los socialistas han quitado de en medio a Pedro Sánchez y han empezado a llevar al PP a acuerdos que Rajoy no hubiera firmado nunca, ha estallado la batalla interna: Íñigo contra Pablo, Pablo, y todas sus fuerzas políticas y de marketing, contra Iñigo. #IñigoAsíNo se convirtió en #PabloAsíNo y se montó una ventolera del carajo.

Pablo Iglesias ha leído ante las cámaras de televisión una carta a todos los militantes que desvela muchos de los resortes de su pensamiento político. En la carta, y en las acciones previas, están casi todos los principios del totalitarismo, del partido único, del marxismo leninismo, que son, al fin, las fuentes en las que bebe originalmente Podemos: el culto y la aclamación al líder, que está siempre en posesión de la verdad, que no se discute ni se somete a votación; la purga o la destrucción del disidente, sea éste el secretario político o el portavoz en Madrid; la imposible neutralidad de nadie: o se está con el líder o se está contra él; el poder no se comparte ni se reparte, es del que manda...

Atrás quedan las promesas de transparencia, de debate abierto y el asamblearismo. En su carta a los militantes, Iglesias habla más de sí mismo que de los problemas de Podemos: "perdonadme por haceros pasar esta vergüenza"; "los compañeros o compañeras que salieron a defenderme" (cuando de su sector salió la orden de atacar a Errejón); "mucho más importante que el que yo siga al frente de Podemos"; "yo también he cometido algunas veces el error de responder a compañeros que me interpelaban en las redes sociales o en los medios..." para terminar a la cubana/venezolana "os saluda vuestro secretario general".

Lo de la transparencia es para nota. Pablo Iglesias, el de la nueva casta, recomienda hacer lo que vienen haciendo los viejos partidos: lavar "los trapos sucios" en casa. "Os pido que dejemos de hablar de nosotros mismos y de nuestras diferencias internas". Dice que no es una censura sino de "contenerse y respetar" a los que les han votado y no pueden ir a un plató ni tienen miles de seguidores en Twiter". Iglesias teme que los disidentes provoquen la destrucción de Podemos. Él está en la deconstrucción del partido. Nadie sabe qué es eso, pero es el chef el que dirige la cocina, elige los ingredientes y firma el plato. ¿Odios enquistados, amores de barra, el final de la inocencia? Lo veremos.

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