El año que nos espera

El año terminó-comenzó con un nuevo y salvaje atentado, esta vez en Estambul, con 39 personas muertas y 69 heridos en una discoteca a manos de un falso Papa Noel, y con las grandes ciudades europeas tomadas por la policía para prevenir otros posibles atentados.

Ni siquiera así los podremos frenar. Durante 2017 vamos a tener que seguir conviviendo con la incertidumbre, con el terrorismo y con los populismos. Si alguno demandaba, a nivel internacional o nacional, una mayor tranquilidad, vayan pensando en otra cosa.

Estamos en vísperas de la llegada al poder de Donald Trump en Estados Unidos y nadie se atreve a pronosticar qué puede hacer y qué nos puede suceder a todos los demás. El mundo está tan globalizado que si Estados Unidos se constipa, todos tendremos la gripe.

Un mundo fragmentado y violento, que necesita llamadas al diálogo real y a la colaboración positiva, pero que sólo escucha amenazas y falsas respuestas a los problemas. Y Europa anda posiblemente en el peor momento de su historia unida, tan carente de ideas como sobrada de problemas.

Sumen a eso el imparable ascenso de Putin, el riesgo del Brexit y las elecciones en Alemania que podrían mandar a casa a Angela Merkel, la única dirigente mundial que parece capaz de actuar con sentido común y compromiso, y dan ganas de volverse a 2016. Y todo ello sin hablar de España, donde este Gobierno sigue prendido con los alfileres de los pactos para todo y de la crisis interna de adversarios, enemigos y compañeros de viaje. No se salva nadie.

Y, sin embargo, este puede ser un gran año, al menos en España. Dicen que este es el primer año desde 2013 en el que no habrá ninguna elección. No apostaría yo mucho por eso, por si acaso.

Pero puede ser el año del crecimiento, del empleo, de los pactos, de la solidaridad con los más desfavorecidos, del compromiso con las víctimas de la injusticia, de cerrar la brecha de la desigualdad creciente, de la respuesta definitiva al problema de los refugiados... Si los ciudadanos empujamos en esa línea, los políticos no podrán hacer oídos sordos.

Hay que convertir la indignación en presión, pero no al estilo podemita, que ya vemos por dónde va y dónde nos lleva, sino haciendo cada uno lo que debemos hacer y exigiendo a todos un comportamiento ético y un compromiso activo.

Entre todas las voces de estas horas, una destaca claramente, la del Papa Francisco. "La paz, ha dicho, es la línea única y verdadera del progreso humano (no las tensiones de los nacionalismos ambiciosos ni las conquistas violentas ni las represiones portadoras de un falso orden civil)". Francisco apela a "resolver las crisis con negociaciones fundadas en el derecho, la justicia, la equidad y no por las fuerzas espantosas y mortíferas".

Francisco pide construir la paz mediante la no violencia activa, la única manera de hacer "una política por la paz". A ver si le escuchan los que mandan y le hacemos caso los que deberíamos obligar a los que mandan a cambiar el rumbo de las naciones. Sólo desde el compromiso individual y la exigencia permanente podremos cambiar este 2017 que viviremos peligrosamente. 

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