¿Cataluña? Ah, sí; ¿qué tal Messi?

Me despido, mientras redacto estas líneas, de Israel, donde he pasado unos días de sobrecarga informativa; colegas, catedráticos y políticos me han explicado lo que va ocurriendo en el Estado más peculiar del mundo y uno, hasta donde se le alcanza, ha tenido que diseccionar algunas de las cosas que ocurren en España, que, en cuanto a complejidades, tampoco es un país que se quede atrás, precisamente.

Dejo para otra ocasión lo que ellos me contaron acerca de un conflicto que lleva camino de eternizarse -o de estallar súbitamente: en todo caso, no hay arreglo- y trato de narrarles a ustedes, amables lectores, algunas de las reacciones suscitadas por varios de los detalles que, en torno a una mesa o en un aula, desgrané ante mis interlocutores en Jerusalén y Tel Aviv acerca de la situación política española.

Les hablé de Cataluña y de sus pretensiones independentistas. Por lo visto, la Diplocat no ha debido de llegar hasta Oriente Medio, porque la mayoría de las personas -todas muy interesantes y cultas-- con las que hablé no tenían la menor idea del conflicto secesionista planteado por los dirigentes de la Generalitat con la complicidad de la CUP.

Bueno, de hecho, si he de ser sincero y a riesgo de que el señor Romeva se me irrite -con la cantidad de dinero que gasta en propaganda exterior...--, debo decir que no encontré lo que podría llamarse un conocimiento profundo de Catalunya como posible nación independiente, ni de qué diablos viene siendo la Generalitat ni, claro, qué pueda ser eso de la CUP, que a ellos les sonaba a taza.

Nadie conocía a Puigdemont, ni a Oriol Junqueras -ni siquiera a Pujol-; pero, mire usted lo que son las cosas, allá donde iba me preguntaban por el Barça y por Messi: gran simpatía he encontrado por el goleador argentino que se viste de azulgrana, una camiseta que, lo he visto, portan no pocos niños en Jericó o en Ramala.

Les hablé, a algunos viejos conocidos laboristas, del conflicto interno en el PSOE. Les conté algo que acababa de ver en Twitter: una exigencia de Pedro Sánchez a Donald Trump, "leave the world in peace, thank you". Se rieron de veras.

Luego, a petición de algún veterano, que hace tiempo que no viaja a España, respondí a algunas preguntas acerca de la tumba de Franco y la polémica acerca de si sus despojos deben seguir o no en el Valle de los Caídos.

Se levantó un anciano ex parlamentario, que había sido estrecho colaborador de Simon Peres: "oiga", me dijo, sonriendo me pareció que con socarronería, "qué suerte tienen ustedes de no tener más problemas que esos que nos cuenta".

Así que clausuramos la sesión y nos fuimos a tomar unos combinados en el Angloamericano. Tenían razón: los españoles debemos ser unos seres afortunadísimos. Y nosotros, sin enterarnos.

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