La vuelta de septiembre

Por mucho anuncio de niño feliz, coleccionables estupendos, cursos de todos los idiomas y promociones de gimnasios y ropa deportiva, esto de volver en septiembre cada vez cuesta más. Sobre todo si se vuelve al mismo lugar que se dejó.

Una persona trabaja en su oficina en el regreso de las vacaciones de verano. ARCHIVO.
Una persona trabaja en su oficina en el regreso de las vacaciones de verano. ARCHIVO.

He de reconocer que cuesta hablar de motivación en septiembre, y que leyendo lo que escribí otros septiembres, u otros eneros, o cualquier mes de comenzar tengo la sensación de hablar siempre de lo mismo. Pasa igual cuando uno lee a los gurús del buenrrollismo o a esa oleada de coaching primaveral que te invita a mirar en tu interior y dejar que hable el corazón.

Qué quieren que les diga, yo en mi interior lo que más suelo tener es hambre, y bastante, y mi corazón debe ser poco profesional porque de estos temas hablar, habla lo justo. Es más de hablar de afectos y de lo bonito, pero de superar la cuesta de septiembre ni mu, oigan. Y con hambre y poesía lo de ser un líder natural, vencer la inercia de las vacaciones y hacer del trabajo el trampolín de la felicidad parece inviable.

Quizás sea por esto que volver es tan difícil, porque lo fiamos todo al corazón, a las malentendidas ganas de adaptarnos a la realidad que tenemos cuando lo que nos pide el cuerpo es cambiar. Decimos que este año va a a ser diferente pero no cambiamos nada, y volvemos a las mismas dinámicas, con la misma gente, con la esperanza de que haber pasado unos días magníficos, fuera de nuestra realidad habitual, nos va a dar un poder sobrenatural para mejorar aquello que no nos gustaba antes de irnos, o lo que es más gracioso, que lo que no depende de nosotros ha cambiado por 15 o 30 días fuera (profesores con más vacaciones los obvio con rencor), y esto no es así.

Luego pasa lo que pasa, que a la semana ya se ha pasado el encanto, y como Cenicientas a las 12 tenemos un depresión postvacacional. Hasta para eso somos exagerados. Depresión, como si no fuera algo grave; lo que tenemos es un bajón del 12, una resaca de postvacacional, no una depresión.

¿Resaca de qué? Porque las resacas las causan excesos. Pues resaca de autonomía, de decidir horarios y elegir planes. Pasar de hacer lo que nos gusta a hacer lo que nos dicen, y eso lo que genera el síndrome de abstinencia. Lo que tenemos es mono de decidir. Bueno, igual ustedes no que son especiales, pero yo que soy un tipo corriente es lo que creo que tengo.

Y esto no se supera con Paulo Coelho, ni con frases adornadas de emoticonos y unicornios, o con gatitos que eso es peor. Odio eterno a las frases con gatos.

Esto se supera con agallas, con decisión y esa decisión no suele vivir en el corazón ni en el interior, esta vive en las entrañas, en las vísceras, es la que empuja a tomar decisiones y tendemos a callarla con excusas de confort y seguridad.

Hay un estudio muy interesante de 2013 sobre felicidad e infelicidad en el trabajo de Peter Warr en la Universidad de Sheffield que defiende que importante tanto las condiciones laborales como la actitud. Y la actitud es inmediata. La cambia uno mismo, click, como el interruptor de la canción de Van Morrison. Y esta idea la refuerza que en 2016 se crearon en España más de cien mil nuevas empresas, y más de 45 hasta junio de este año. Esto quiere decir que hay gente que ha decidido transformar su bajón postvacacional en oportunidad profesional, o igual ni siquiera lo han tenido, no les ha hecho falta para apostar.

El escritor Andre Maurios dijo que “todo deseo estancado es un veneno” y no puedo estar más de acuerdo, cada decisión que postergamos se enquista y se envenena y si postergamos muchas se nos envenena la vida, se avinagra y hasta dónde yo sé sólo tenemos una.

Así que busquen en su interior, en sus corazones, en el bolsillo trasero del pantalón o en el fondo de la nevera, pero si están a disgusto con lo que tienen, en lugar de quejarse pónganle remedio. O quéjense un poco pero luego al tajo, no se envenenen, actitud, que sé que les sobra.

Hoy es un buen día para empezar, si tienen agallas suficientes claro.

La próxima vez puede ser hoy.

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