De topadoras y ofuscados

Pensaba titularlo “Hacer lo esperado” o “Gran vía Madrileña” o “Iglesias y Errejón” o “Blesa y Rato” o “Modificar la constitución” o “La nueva realidad laboral” pero lo de dar pistas en el título es más de película americana, así que me explico ahora.

Imagen de un partido de rugby. ARCHIVO
Imagen de un partido de rugby. ARCHIVO

Esta semana, por esa magia que tienen las redes se ha hecho viral un vídeo de un compañero de rugby haciendo un ensayo por hacer algo que no se presupone acorde a sus características. Permítanme 3 minutos de introducción.

Los que conocen un poco el rugby saben que hay dos tipos de jugadores, unos, los ¾ son rápidos y ágiles (o lo intentan) y se caracterizan por hacer jugadas en velocidad, fintando y driblando contrarios, y luego estamos los delanteros más pesados (bueno, antes había más kilos ahora ya quedan menos) y algo más expeditivos, los que empujamos en las melés y nos caracterizamos por chocar y percutir en cuanto nos dan la opción, especialmente los pilieres, los primeras líneas, del 1 al 3 (que en rugby el dorsal de titular se lo gana uno, no se hereda ni se le pone el nombre), además de por la dureza del puesto a los primeras se nos reconoce por una belleza incuestionable. Y lo que se espera de nosotros es que cada vez que nos den el balón busquemos contacto y choque, esa es nuestra etiqueta.

Pues bien, en  la jugada de la que les hablo el balón le llega a un pilier de los de antes, duro y pesado, en una posición que no es la suya, entre los perfiles rápidos y cuando todo el mundo espera que haga lo propio de un pilier de 100 kilos (somos amigos, y los amigos nunca pesamos más de 100) que es chocar, lo que hace es adaptarse y jugar como 3/4, amagar el pase, fintar y esprintar buscando el ensayo. A sus defensores les pilla a pie cambiado y cuando quieren reaccionar se encuentran, ahora sí, con el punto fuerte de BG, sus 100 kilos en carrera y su capacidad de chocar. Demasiado tarde, ensayo y ovación en la grada.

El vídeo corre como la pólvora y la cadena de deportes ESPN en Argentina lo twittea definiéndolo como “La topadora hace su trabajo”. Topadora es excavadora. La definición es buena, pero le falta un matiz, creo que sería mejor “La topadora que supo actuar como moto”. Adaptarse a las necesidades sin renunciar a lo que uno es. Sin enrocarse en lo que uno se supone que es y no ver más allá. Sin ofuscarse.

Pensaba en esta jugada cuando repasaba las noticias de esta semana, todo el mundo ofuscado, encasillado en su papel, sin opción a defender su postura desde la escucha sino desde la negación. Va, elijan un tema. ¿Gran Vía de Madrid oigo al fondo?, aceptado. Habrán oído la que se ha montado con la peatonalización de Gran Vía, ¿sí?, ¿pero a quién han oído?, porque o ha sido un éxito enorme en ventas y público y de democratización de la calle o ha sido el infierno con pelos, la ruina económica y el caos informe. Y miren, sin mucho conocimiento de urbanismo, aunque con un master en Gran Vía, tengo la sensación de que habrá tenido cosas muy buenas y efectos secundarios, como casi todo en la vida. Pues no. Los profesionales de la percusión a tumbar la idea sin ver nada bueno, y los de la finta obviando las quejas y alabando las bondades. Ni autocrítica ni valoración. Cada uno en su casilla. Por mis pistolas.

¿Alguien dice Constitución?, aceptado. Entre los que la queman, y sólo quieren quemarla, y los que la protegen en una urna de cualquier brisa de cambio creo que estamos la mayoría de españoles. En primer lugar habrá que admitir que si hemos llegado hasta aquí, que si los que se quejan pueden hacerlo libremente desde el atril parlamentario será gracias a una Constitución que los ampara y los protege. He tenido la suerte de vivir siempre en democracia, por lo que no se me ocurre comparar la situación actual con la anterior en este país. Una cosa es que haya quien prefiera otros modelos, o realidades, y otra es negarle las virtudes que seguro ha tenido la Constitución. También habrá que pensar que la forma de garantizar la continuidad es la adecuación a nuevas realidades y que pueda opinarse, que podamos opinar, sobre si es necesario o no realizar cambios, parece lógico. Pues nos enconamos de nuevo, cada uno a su perfil, y en la bronca no hay acuerdo. Es como en esos debates de Crónicas Marcianas, ¿los recuerdan?, en los que para hablar de fidelidad estaban el Padre Apeles y la Veneno. Imposible acuerdos.

Lo mismo pasa, y es preocupante, con los nuevos partidos o los nuevos cargos. Me encanta el refrán que dice que no es lo mismo predicar que dar trigo. Y es verdad. No es lo mismo decir lo que harás cuando llegues al poder que hacerlo al llegar. No es lo mismo decir que gobernarás para todos que hacerlo. Cuando uno es partido hace lo que crea que sus afiliados necesitan, uno es o pilier o ¾, pero cuando se es cargo público, se representa a la totalidad de los ciudadanos y eso es más difícil. Hay que ser una cosa u otra según proceda, a veces chocar, a veces fintar, a veces pedir el cambio. No solo defender lo propio. Y cumplir con lo establecido no es renunciar al cambio, para nada, sólo que es más costoso. Obliga a salir de la zona de confort, del aplauso fácil, y entonces es preferible quedarse en la ofuscación. No gano nada, pero no me expongo a que me cuestionen.

Una de las personas que más me ha influido debutó en mi vida diciendo que “detrás de cada etiqueta que ponemos o que nos ponemos, escondemos un enorme miedo a sufrir”, como exposición o como trabajo, me da igual, pero creo que es lo que más nos impide avanzar. Hacer sólo lo esperado, sin valorar que los demás pueden tener algo que aportar. El ensayo de Xavi es la prueba, aprovechar tanto los puntos fuertes como la adaptación a la realidad que nos toca. Esfuerzo y fe, y no ofuscarse en que el único camino posible es el propio.

Ofuscados. O como diría Dieguito ofuscaos, que sois unos ofuscaos.

Vamos a resolverlo, podemos resolverlo.

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