No tengo nada, tengo vida

Muy fan desde crío de Nina Simone. De hecho siempre está en mis notas para escribir sobre ella pero algo se cuela antes, que es muy Nina también, muy de lo suyo, que algo la deje en segundo plano.​

La cantante Nina Simone, en una de sus actuaciones.
La cantante Nina Simone, en una de sus actuaciones.

Esta semana la he tenido muy presente. Primero cuando escuchaba y me dolía hasta la arcada el caso de la mujer asesinada en Alicante en la puerta del colegio de su hija. Y la recordaba tanto por su condición de mujer maltratada como cuando dijo que si el piano no hubiera canalizado su rabia sería un asesina, “que devolvería golpe por golpe”, porque es lo que brota al leer estas noticias. Gracias a Dios yo también tengo mi “piano” paralizador.

Pero me sale ese ramalazo Simone.

El mismo ramalazo, la misma rabia que la llevó a militar en los Panteras Negras defendiendo los derechos de la comunidad negra en Estados Unidos en los 60, aun sabiendo que esto le afectaría en su carrera musical. O más bien asumiendo las consecuencias de lo que suponía su decisión. Simone otra vez de actualidad.

O cuando se publican los datos del paro, y tomo conciencia de la cantidad de familias que no llegan por más que quieran, y me viene a la cabeza esa Nina que tocaba en garitos en Francia por trescientos dólares la noche después de haber sido una estrella mundial. Hacer cualquier cosa por salir adelante, lo que haga falta.

Siempre Nina, también en las historias de superación, las de esas personas que después de bajar a los infiernos de la vida, de instalarse en los arrabales de la felicidad logran volver. Porque volver es siempre más difícil, mucho más que llegar, bastante más que mantenerse e infinitamente más que dejarse llevar y caer.

Esta semana me vi entre viajes un documental sobre su vida, brutal. Muy recomendable,”What happened Mrs. Simone”. Sorprendido por encontrarme otra vez con esa Nina capaz de estar en todos los estados de ánimo posibles, de entrar y salir de cada reto, situación, jaula, éxito o error. Cada vez más castigada pero cada vez más ella. Me llamó la atención una frase de su hija que decía que ella, Nina, “brillaba allá donde estuviese y en cada momento de su vida, incluso en la vejez”. Como si no se pudiera brillar en la vejez. La vejez no es un pero, es un plus. Se envejece como se vive y tiene que ser un orgullo envejecer. Nina murió con 70 años, después de volver a dónde le pertenecía. De asumir todo lo que había vivido, poner en valor lo que quería ser, asumir que necesitaba ayuda y aceptarla.

Pero, ¿qué es lo que hace especial a alguien?, ¿qué activa los resortes de la dignidad?, ¿qué es lo que permite asumir riesgos vitales?, ¿qué hace que Nina sea especial?

Y cantó la canción que cierra esta columna, donde hace una reflexión de todo lo que no tiene vs. lo que sí tiene.

Ain’ got no, I got life. No tengo nada, tengo vida. Eso no es un título de canción, eso es un cañonazo a la línea de flotación de conformismos y amarrateguis.

Lo que tenemos lo controlamos y nos permite tener lo que deseamos si ponemos el foco ahí. La primera parte de la canción es quejosa, con todo lo que no tiene, lo que le falta. La queja. La excusa. La justificación. El miedo, que es el peor de los frenos, el miedo. Pero luego desaparece.

Esta canción la grabó y la interpretaba en 1968 en Estados Unidos siendo mujer y negra. 1968 es el año en que mataron a Luther King, por lo de tener miedo y echarle valor digo.

Quizás no sea cuestión de lo que no se tiene y sí de lo que se puede hacer para tenerlo. Y lo que se quiere hacer con ello. Y la canción crece cuando toma conciencia de lo que sí tiene, y que lo que tiene es propio. Básico pero  propio, obvio pero propio.

Mío. Para darle el uso que yo quiera. Para subir, para caer y volver. Para brillar siempre, que el brillo no depende de nadie sino de uno mismo. Para envejecer brillando.

Para hacer de la vida como esta canción, empezar bajo, tranquilo y arrancar en un punto que no nos permita parar hasta acabar a gritos.

No tengo nada, tengo vida. Gracias Mrs. Simone, poco más hace falta.

Sonrío.

La canción es preciosa, y en directo. Escúchenla, por favor, a cierto volumen; es imposible no acabar sonriendo y siguiendo el ritmo. Vida.

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