Becarios, aprendices, stagers y papitos

No ha estado muy afortunado Jordi Cruz diciendo que si pagara a toda la gente que trabaja en su restaurante este no sería rentable, pero lo que hace no es algo inusual, y mucho menos ilegal.

Jordi Cruz, cocinero con polémica.
Jordi Cruz, cocinero con polémica.

Y ese puede que sea el problema, y no Jordi Cruz.

Aprendices ha habido toda la vida, sin regular al principio, regulados después, ahora con el modelo de formación dual, y se han llamado de mil formas hasta llegar a la horterada de llamarlo stagers que supongo que queda mucho más bonito que llamarlo temporal o temporero que es un concepto mucho más claro. Alguien que pasa una temporada en un oficio que ha aprendido en la teoría y que debe practicar.

La de voces que se han alzado en contra de lo que hace Jordi Cruz, explotador, sinvergüenza, aprovechategui, que si con el precio de un menú pagaba un mes de sueldo, en fin de todo. No voy a entrar a valorar lo que hace, pero si ustedes ponen “stager” en Google les aparecen una infinidad de ofertas de prácticas.

Muchas en cocina con requisitos tan curiosos como “el alumno tendrá que tener seguro de salud válido en España” y, oigan, esto es legal. Completamente legal. Así que todos aquellos con capacidad para promover reformas que mejoren esta situación que dejen de hacer declaraciones para ser tendencia en twitter y se pongan manos a la obra. Si uno busca “prácticas en empresas” ya es la juerga padre, y en esta fiesta, en esta conga de los stagers no se libra ni el tato. De hecho hasta el cuerpo consular español ofrece prácticas no remuneradas en sus embajadas y consulados.

Y fíjense que de inicio no me parece mal si de lo que hablamos es de enseñar, de formar, de adquirir experiencia, del perfil de aprendiz de toda la vida. Recuerdo perfectamente ir al taller con mi padre y encontrarme algún chaval que era el aprendiz, lleno de grasa y al que iban encomendando tareas de mayor dificultad según aprendía, y si era bueno se le pagaba algo y si llegaba a ser mecánico entraba en nómina. Y eso lo hemos hecho todos, yo recuerdo mis prácticas en la carrera, diseñando e  impartiendo talleres de mejora de memoria para jubilados y me encantó. Tuve la suerte de que al final os regalaron un reloj. Pero lo que recuerdo es que aprendí, y mucho.

El problema está cuando dejamos el término aprendiz, y empezamos a hablar de becarios, y esta beca no va dirigida a formar a nadie sino a cumplir con algún cupo legal o recibir alguna subvención y en este país tan de firmar cualquier cosa, firmamos las prácticas sin que nadie las supervise. O nos quedamos cortos y hay una horda de becarios a los que nadie hace ni caso y se les pone a ordenar almacenes, o se cubren puestos de trabajo con becarios cuando debían estar cubiertos por trabajadores. Por no hablar de aquella temporada en la que tener un becario o una becaria daba caché y se fardaba en plan latin lover, que parecía que más que jefa o jefe lo que se buscaba es que les llamasen mamita o papito.

En el proceso de aprendizaje no solo el tiempo del formando tiene coste, también el del formador, y ese pago en especie hay que ponerlo en valor, exigiendo que el formador lo dedique a enseñar y a introducir al nuevo en el mercado, y al formando a aprovecharlo, demostrando que aprende, sabiendo que si lo aprovecha puede abrirse puertas. Un sistema de prácticas regulado, como el de los aprendices de antes, formar en el trabajo.

Si lo que se quiere es mejorar las condiciones laborales no hay que tirar contra los stagers (mira que hay que ser hortera) sino contra las ofertas de prácticas encubiertas. ¿Se imaginan una oferta de empleo para licenciado universitarios, algunos con master, incompatible con no solo cualquier otra beca, sino con el desempeño de cualquier otra actividad laboral?, ¿exclusividad laboral por 800€ en Madrid para licenciados?, ¿se imaginan que sea una oferta pública? Pues si no se lo imaginan no busquen en las ofertas de prácticas del Senado…

Creo que es una buena opción que haya periodos de prácticas, y si uno aprende y lo forman la remuneración pasa a un segundo plano, porque hay que poner precio a lo que uno aprende insisto, lo que no está bien es que se levanten estructuras basadas en becarios y mucho peor que se mantengan.

Jordi Cruz será un agarrado o un tacaño o lo que quieran, pero no es el problema. Así que mejor poner el foco en desarrollar un sistema que permita a las empresas invertir en talento joven sin que se arruinen, diseñar unas prácticas que permitan el acceso real al mundo laboral y que prioricen la búsqueda de la excelencia profesional. ¿Qué es difícil?, claro, para eso les pagamos, queridos, para que hagan ese tipo de cosas. Mejorar lo llaman.

Y el resto a concienciarnos de la importancia de formar a las generaciones futuras, que no es ninguna broma, a aportar nuestro granito de arena. Menos pedir fotocopias y más implicación.

Menos papitos y más profesionales. Por el buen camino.

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