El arte de la política

Qué hartos estamos los ciudadanos de a pie de oír continuamente en los medios de comunicación noticias relacionadas con la corrupción política y qué mala sensación tenemos de que los partidos políticos no echan el resto para atajar este gran mal de nuestra sociedad.

Pleno del Parlamento de Navarra.
Pleno del Parlamento de Navarra.

Formo parte de uno de ellos desde hace muchos años, desde mi juventud, y siempre he luchado por la tolerancia cero en este aspecto. Particularmente no me quejo de los míos. No tengo conocimiento de ninguna irregularidad y si la tuviera, o siquiera intuyera, me sobraría tiempo para hacer la correspondiente denuncia ante los órganos de mi partido y en su caso, por inacción de estos, ante los tribunales.

También es cierto que algunas actuaciones de compañeros míos han podido, y pueden, parecerme mejores o peores, más éticas o menos, poco estéticas, inmorales e incluso de mal gusto pero ahí es donde cada uno pone su estilo propio, su nivel de exigencia, su conformidad… y su aguante. En lo que yo he vivido se ha actuado de manera inmediata y preventiva para evitar posibles males mayores, que nunca sucedieron. Me siento orgulloso de ello. También es cierto que exijo eso.

Milito en un partido político porque creo que es un medio bueno para trabajar por unos ideales, por unas políticas, por un modelo de sociedad concreto. Formo parte de un partido político porque este es el que más se acerca a mis principios, el que mejor recoge lo que yo también haría, y todo a pesar de que no es el partido perfecto que yo quisiera.

A veces suelo decir que estoy en él porque es el menos malo de los que hay, entendiendo por menos malo el que no recoge como yo quisiera algunos, o todos, de mis postulados. Milito en un partido político porque esa es la forma que nos dictan nuestras normas, las que nosotros mismos nos hemos dotado, para decidir qué sociedad queremos, qué ciudad pretendemos, qué ciudadanos promovemos.

Creo en los hombres y mujeres que se dedican al noble arte de la política. Creo en las personas que tienen ideales y trabajan y luchan por ellos. Creo en quienes conciben la política como un servicio a los demás, como un trabajo hacia la comunidad, como una manera de realizar el bien común, como una vocación. Creo en las mujeres y los hombres que dedican el tiempo a su pueblo y a sus vecinos.

Me he encontrado a lo largo de mi vida política con un sinfín de estas personas, desde el pueblo más pequeño con apenas siete habitantes a la capital de provincia con miles de ellos. También con quienes así la han ejercido en el ámbito nacional y de nuestra Comunidad Foral. Personas que quieren tener el entorno más bonito, el que más servicios y comodidades ofrecer a sus vecinos y en el que se pueda vivir con respeto y libertad. Personas que se sienten orgullosos de ello.

Algunos hemos tenido la suerte de percibir un buen salario mientras la hemos ejercido, otros han tenido algún ingreso complementario por ello, pero la gran mayoría no sólo no ha percibido nunca nada sino que han tenido que poner de lo suyo sin importarles nada hacerlo. Todos ellos me merecen el mismo respeto y admiración.

Como habrás podido observar, querido lector, no me he referido a ningún partido político concreto, ni lo voy a hacer. En todos y cada uno de ellos hay gente con estas características. Son los cargos públicos que nosotros hemos elegido. A todos ellos mi agradecimiento por lo que hacen.

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