Uxue Barkos elude la autocrítica tras el batacazo electoral de Geroa Bai

Las políticas desarrolladas en el primer año de gobierno han generado división y rechazo en una amplia mayoría de la sociedad navarra.

Sin rastro de autocrítica, la presidenta del Gobierno de Navarra, Uxue Barkos, minimizó el lunes el batacazo electoral cosechado por su formación, Geroa Bai. Como ya sucediera tras los malísimos resultados del pasado 20 de diciembre, Barkos alegó que el varapalo recibido debe entenderse en "clave electoral estatal" y se limitó a expresar su insatisfacción por los exiguos 14.289 votos recabados.

En la misma clave estatal se votó en 2004 –tras los atentados del 11-M–, cuando Barkos obtuvo por primera vez su escaño en el Congreso de los Diputados con 61.045 votos, así como en 2008 –en la segunda legislatura de Zapatero–, cuando renovó su asiento con 62.073 sufragios y en 2011 –en los comicios en los que Rajoy obtuvo la mayoría absoluta–, cuando descendió a 42.372. Entonces, cuando los éxitos se sucedían, jamás se quejó de la polarización del voto en clave nacional.

Si por algo se ha caracterizado Barkos a lo largo de su trayectoria política es por su orgullo, por su falta de autocrítica y por su soberbia, cualidades de las que hace gala en el Gobierno de Navarra. El sectarismo demostrado en su primer año al frente del Ejecutivo, con una agenda marcadamente nacionalista basada en actuaciones y políticas identitarias, ha generado división y rechazo en una amplia mayoría de la sociedad navarra que no solo no se siente abertzale, sino que se siente orgullosa de su foralidad y, por ende, de su españolidad.

Barkos, y el resto del cuatripartito, tienen tres años por delante para rectificar, por ejemplo en materia fiscal y tributaria, en donde se ha asestado a los navarros una brutal e injusta subida de impuestos y se ha colocado a los contribuyentes y empresarios navarros en peores condiciones que las de los residentes en las comunidades limítrofes.

La presidenta del Gobierno debe escuchar el mensaje de la ciudadanía, que ha relegado a su partido al sexto lugar en las elecciones con un mísero 4,2% de los votos. Nunca, en ninguna comunidad, un líder ha gobernado con tan nimio apoyo popular.

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