El nacionalismo vasco deroga la ley de símbolos para reescribir la historia de Navarra

La bandera de Navarra provoca una adhesión natural, unánime. La ikurriña, por su imposición por parte del nacionalismo vasco, genera rechazo, división y confrontación.

Uxue Barkos. PABLO LASAOSA 2
Uxue Barkos. PABLO LASAOSA 2

El Gobierno de Navarra presidido por Uxue Barkos, pero apuntalado por EH Bildu –el partido heredero de la Batasuna proetarra– consumó ayer su traición a los símbolos de la Comunidad Foral de Navarra con Podemos e Izquierda-Ezquerra como mamporreros útiles.

Con la derogación de la ley de símbolos, el cuatripartito pretende dar vía libre para que la ikurriña, la bandera de la Comunidad Autónoma Vasca, de la que históricamente se ha apropiado el nacionalismo, pueda ondear en los ayuntamientos navarros y, de esta forma, trasladar el mensaje, la idea, la percepción, la sensación de que Navarra forma parte de esa entelequia denominada Euskalherria.

Los símbolos unen, no confrontan ni dividen. Los símbolos son elementos u objetos que por convección o asociación se consideran representativos de una entidad, de una idea o de una cierta condición.

Navarra ya cuenta con una bandera y un escudo que concitan un sentimiento de pertenencia común a una comunidad histórica, diferenciada, orgullosa de su pasado, satisfecha de su presente y optimista de su futuro. La bandera de Navarra provoca una adhesión natural, consustancial, unánime.

Todo lo contrario que la ikurriña, que en la mayoría de la sociedad navarra, por su imposición por parte del nacionalismo vasco, genera rechazo, división, crispación y confrontación. Es una bandera partidista, asociada a una ideología excluyente.

En su indisimulable ansia por euskaldunizar esta comunidad Geroa Bai, EH Bildu, Podemos e Izquierda-Ezquerra han sumido a Navarra en un vacío legal, en un atolladero jurídico, en un caos interpretativo. La decisión de izar la ikurriña va a quedar al albur de los regidores municipales, lo que sin duda alguna provocará controversias y litigios que acabarán sustanciándose en los tribunales.

El cuatripartito ha impulsado la guerra de las banderas, un aquelarre veraniego que reviviremos en las fiestas patronales de las localidades regidas por los nacionalistas vascos. Uxue Barkos ha colocado la pira, Adolfo Araiz ha prendido la mecha y ha azuzado el fuego, mientras que Laura Pérez y José Miguel Nuin han esparcido los rescoldos.

La presidenta y sus socios, que con esta derogación han generado un incendio de consecuencias incalculables, han tenido sin embargo la desfachatez de tachar de pirómanos a los grupos de la oposición que se han opuesto a esta felonía, a esta deslealtad, a esta traición a la historia y la idiosincrasia de Navarra.

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