Barkos se alinea con Puigdemont y Urkullu

La presidenta de Navarra abdica, un año más, del poder de representación de todos los navarros, se ausenta del Día de la Fiesta Nacional en Madrid y ningunea los actos de Pamplona.

Barkos, Urkullu y Puigdemont sobre un montaje del Día de la Fiesta Nacional.
Barkos, Urkullu y Puigdemont sobre un montaje del Día de la Fiesta Nacional.

¡Qué tres patas para un banco! Uxue Barkos, la abertzale que preside una comunidad que mayoritariamente no lo es, como ella misma admitió, Carles Puigdemont, el salvapatrias independentista que ha proclamado, o no, una independencia en diferido, e Íñigo Urkullu, el líder del PNV, que ora sí, ora no, mercadea con su apoyo a los presupuestos de Rajoy. Estos tres grandes estadistas brillaron por su ausencia en los actos del 12 de octubre en Madrid con motivo del Día de la Fiesta Nacional, a los que asistieron la totalidad de presidentes autonómicos menos ellos.

El sectarismo de Barkos y su gobierno cuatripartito se hizo también patente en Pamplona en los actos de la Guardia Civil, a los que no acudió consejero alguno y la representación institucional recayó en el director general de Interior. Por mucho que esta sea la tónica habitual, que lamentablemente se repite año tras año, no deja de asombrar tamaño desprecio hacia el sentimiento mayoritario de la sociedad navarra, que se siente orgullosa de sus esencias forales y españolas.

Con todo ello, más grave aún constituye el apoyo sin ambages expresado por el cuatripartito a los mandamases independentistas catalanes que están infringiendo toda la legalidad vigente, tanto la constitucional como la estatutaria, están desobedeciendo las resoluciones del Tribunal Constitucional y se han cargado de un plumazo su sistema parlamentario.

En su delirio nacionalista, el Gobierno de Barkos aprobó este miércoles un comunicado de adhesión al presidente Puigdemont, en el que glosaba "el esfuerzo" que este y la mayoría parlamentaria independentista habían realizado. Se refería el Gobierno de Navarra a la sesión del Parlament en la que se seudodeclaró la independencia, para segundos después suspenderla, sin cobertura ni amparo legal, como habían advertido, una vez más, los servicios jurídicos de la Cámara catalana.

El Gobierno de Barkos da reiteradas y serias muestras de enloquecimiento institucional y en su deriva nacionalista va desbocado y desenfrenado por la senda del descrédito, el desprestigio y la sinrazón.

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