Nuestra tercera vía, el diálogo

Ya ha llegado. Dícese del espacio político y mediático donde se encuentra la supuesta virtud de aquellos prohombres que han decidido que cierto tipo de diálogo puede y debe de suplantar a la ley.

El rey Felipe conversa en Barcelona junto a Mariano Rajoy y Carles Puigdemont. EFE
El rey Felipe conversa en Barcelona junto a Mariano Rajoy y Carles Puigdemont. EFE

Si comprueban ustedes desde que cuevas llega esta vía desaparecerán las dudas que pudiera uno tener sobre el significado perverso que, en este caso, tiene la palabra en cuestión. El lenguaje propio de cada conflicto, ese formidable objeto de manipulación, merece un estudio detenido para detectar las farsas y las certezas.

Confío y exijo plenamente en el diálogo entrelos  iguales ante la ley. Confío y exijo contundente el diálogo entre aquellos que cumplen las leyes que a todos nos cobijan. Entiendo el diálogo político como una suerte de acción que sirve y se justifica por su capacidad para evitar la violencia y toda injusticia perpetrada sobre cualquier ciudadano. Lo anhelo para legislar con prudencia, para ejercer el poder sin miedo pero con las orejas bien abiertas al discrepante. El problema es que hay diálogos que no se pueden justificar bajo ningún concepto. Esa es la razón por las que me cruje la columna cuando veo a determinados bastardos patrios defender un principio sagrado-pagano como lo son tanto el diálogo como la confrontación intelectual por mero cálculo político, mediático y empresarial.

Si el memo de Chamberlain vuelve encantado de una charlita con Adolf Hitler hemos de concluir que la charlita-diálogo fue una mierda o el tipo bastante idiota- quizá las dos-. Si entendemos por diálogo que PP y PSOE queden de madrugada para cargarse el 135 en un abrir y cerrar de constitución, vayan y defiendan ustedes ahora el diálogo. Si se consigue una ley anticorrupción cuyos dialogantes y firmantes son los corruptos y corruptores, ahí les quiero ver defendiendo el tan manido diálogo. Tanto defender el diálogo al final nos va a convertir en los protagonistas de la conjura de los necios.

El diálogo no se puede pedir para buscarle un posible encaje al incumplimiento de la ley. Nadie nos puede exigir el diálogo con quienes nos roban o con quienes matan al discrepante en vida. No hay Dios que pueda pedirme un minuto de diálogo con cualquier animal roñoso que utilice la niñez como arma de futuro. Por cada ejemplo que me den ustedes de lo bueno que es el diálogo político yo les daré tres de cómo ese mismo hecho ha servido a cobardes y corruptos para hacer un ejercicio bastardo de dejación política, de absentismo, cobardía e irresponsabilidad. Aquí y en Sebastopol.

Un medio nacional acaba de comenzar a fomentar una vía dialogada para solucionar el problema catalán. Loable intento. Perfecto. Como cotilla que soy, he echado un vistazo a los firmantes de la bienintencionada propuesta y la primera no es otra que aquella adefesia que llamó “hijos de puta” a diez millones votantes del PP. Pues bien, mi querida dialogante. Como antiguo votante del PP, que lo fui, solo tengo que decirle que “si, mamá”. Eso y que con usted delante va a dialogar la que le trajo al mundo entre gritos al verle. ¿Está bien para empezar a dialogar? Yo creo que sí. De repente empieza a encantarme el diálogo, oigan.

Tres factores han desencadenado este intento por buscar una solución más-allá-de-la-ley a  nuestro problema. El discurso del Rey, la brutal movilización del domingo Barcelona y la peligrosísima huida de empresas de Cataluña. Y ahí radica el problema, porque al deseo de limar asperezas y de hablar  con tu dispar se llega por principios, no por conveniencia. ¡Touché!

Me resulta insultante como ciertos personajes públicos de diversos ámbitos del país se atreven a pedir diálogo y entendimiento  a millones de personas que llevan ejerciéndolo toda su vida. Me solivianta que algunos de los abajo-firmantes sean los personajes más sectarios, reaccionarios, acomodados y escribientes “a la orden del medio” y/o partido de turno. Nosotros, el pueblo, llevamos hablando y superando fronteras toda la vida; mucho más fieras que la que hoy nos toca, por cierto. Nadie puede venir cual Prometeo a entregarnos el regalo del diálogo. ¡Somos profesionales sin sueldo en esa materia!

Que dialoguen los políticos, claro. Es lo suyo. Pero que no jueguen con la ley. Que esto no signifique renunciar al cumplimiento de los textos legales porque eso es exactamente lo que está en juego. Del resto, por favor, que se hable de todo. Sin miedo y sin restricción. Es la ley la que lo permite y su garante pero somos los ciudadanos quienes lo exigimos. La fractura entre las gentes, ahora y siempre, es mucho más grave que la  política. No hay comparación.

Siempre nos lo decían nuestros mayores- Si te crees mayorcito para emborracharte, también lo eres para ir a currar-. Que se apliquen el cuento los “mayorcitos” que se saltan la ley cuando les sale del trigémino. Si la haces, pagas. Con y sin diálogo.

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