Símbolos de San Fermín

Recuerdo la primera vez que me sobró dinero al acabar una noche de fiestas. Recuerdo la sorpresa- ¡coño, pasta!- y recuerdo mi firme decisión.

Churrería La Mañueta durante los Sanfermines. DANIEL FERNÁNDEZ
Churrería La Mañueta durante los Sanfermines. DANIEL FERNÁNDEZ

¡A por churros de La Mañueta! Ya había pasado el encierro y junto a una chica que no comería muchos- pensé carnívoro- allí nos dirigimos. Craso error. Se los zampaba a pares la muy ladrona. Y es que los churros…

La Mañueta es a los churros lo que la novena sinfonía a la grandeza. Sólo los de la Churrería Cambra de Marcilla de mi querido Javier y familia me colman igual en cuanto a sabor. Pero la diferencia es el contexto. No es que estén buenos, que lo están. Se trata de la parafernalia, las fechas, el pedete lúcido mañanero con sornisa estúpida y la compañía. Porque a la Mañueta se va acompañado. No pelearse por el último churro es de muy mala educación. Si uno no lucha como un poseso por ese último canto al colesterol no es alguien de quien uno se pueda fiar. Desháganse de ese esquizoide.

El cómo llegabas hasta las matinales con dinero en el bolsillo aparece como otro de esos misterios inextricables que demuestran la existencia del santico. Te habías bebido hasta las peceras y lo último que podías esperar era encontrarte unas pesetillas de sobra. A la primera reacción-¡ a seguir pimplando!-le seguía una reacción inesperada por madura-¡me voy a poner hasta el culo de churros! Y santas pascuas.

Sigo recordando cómo te sentías con una bolsa de semejante manjar paseando el comezón de la resaca. Eras un Dios. Otros conducirán un Mercedes o veranearan en las Maldivas. Memeces. Una cantidad decente de churros, chocolate, café y caldico es el pasaporte directo al paraíso. Los efluvios del mol se reducen y el estómago agradece devorador la ingesta de harinas y azúcares. Básicamente, lo que todo médico decente podría recomendar.

 -¿Ha bebido usted?

- Pues mire usted, galeno. Si estoy intentando sintonizar Kiss FM con su fonendoscopio, saque conclusiones.

- Perfecto. Dos docenas de churros y a dormirla.

- Muy amable...kiiiiissss efe eeeeeemeeeeee- tarareas mientras huyes raudo a por la ración.

Este año todavía no he consumido mi dosis. Creo que la tardanza va a resultar proporcional a la bestialidad que voy a ingerir. Además, voy a ir con mi perra que todavía no los ha catado y la muy golfa tiene un saque que da miedo. Intentaré que alguno llegue a casa para repartir. Quizá un par, quien sabe. Porque con esos churros, me confieso, mis ganas por compartir, mi habitual humanidad de buen hijo, tienden a menguar como ese límite del logaritmo neperiano que tiende estúpidamente a cero.

Por concluir, les confieso que para mí esos churros, la Mañueta, son pura niñez. Piterpanismo en estado puro. Ya fuera cuando te llevaban tus padres o cuando más tarde en la adolescencia comenzabas a pasar noches fuera de casa por fiestas, todo me huele a felicidad y placer.

Te puede interesar
  • Los comentarios que falten el respeto y que no se ciñan al tema de la noticia, podrán ser eliminados.
  • Cada usuario será el único responsable de sus comentarios.