Falta amor a la patria

Si Ramiro de Maeztu levantase la cabeza, seguramente la volvía a meter entre lágrimas de decepción y vergüenza por lo que se entiende a día de hoy como Día de la Hispanidad.

Banderas de varios países, incluida la de España.
Banderas de varios países, incluida la de España.

Este vitoriano fue quien recogió las palabras de Zacarías de Vizcarra cuando fue embajador de España en Buenos Aries allá por 1929 y que puso en valor para renombrar el día de la raza por el día de la hispanidad.

El destino ha querido que quien fuese diputado en las cortes republicanas, a parte de hijo de Navarro, tuviese un hijo pintor en Estella que da nombre a un museo de la localidad. En dicho museo tengo un gran amigo que me comenta -con un pesar disfrazado de ironía- que no ha visto en sus muchos años en el museo a ningún parlamentario foral, diputado o senador navarro aparecer por el museo. Si acaso alguna inauguración donde ofrecían vino y chistorra. Iletrados pero hambrientos, que confiesa con sonrisa alegre y ojos tristes.

No me gusta nada que el día del que más orgulloso puedo sentirme de quién soy se celebre con un desfile militar, y muchas de las personas con quien comparto este tipo de reflexiones en privado tampoco están cómodas con el desfile.

Será que entiendo que el Día de la Hispanidad es desde “centauro” de Marechal hasta “el formentor” de mi tocayo Barral, una barbería en la acera en Venezuela o salir a la fresca en Aragón, entomatadas rellenas de huevo para curar la resaca en México o pelearse por el socarrat beodo perdido en Valencia, un amanecer en Sierra Maestra o ver las perseidas en la Foz de Arbayún, el vestido de güipil o el de chulapa, un 9 de Septiembre en Florida o un 15 de Mayo en Filipinas.

Pero lo último en lo que pienso el 12 de Octubre es en trajes de camuflaje, cabras y tanquetas. Para el desfile militar prefiero el Día de las Fuerzas Armadas.

Quizá esta reflexión se la hacen también en el cuatripartito, suponiendo que alguno de sus miembros piense, que ya es mucho suponer. Lo más probable es que su planteamiento no llegue más allá de 1958, cuando por decreto de presidencia se estableció de manera oficial la celebración del Día de la Hispanidad. Desconozco si fue Franco quién dispuso un desfile militar, es probable que sí. Desde luego, un error muy en su línea.

Es de imaginar que si acaso algún miembro del cuatripartito conociese lo más mínimo del lugar donde vive, habría comentado algo sobre el absurdo de celebrar el día de la resistencia indígena en castellano y no en aborigen. No me imagino una situación más racista y colonial en la que un español le diga a un latinoamericano como ha de sentirse.

Pero como no se trata de imaginar, nos quedamos con las intervenciones de los botarates que alegremente contaban como sus abuelos (tan viejos como matusalén) eran asesinados y sus abuelas violadas, por españoles como Vasco de Gama y Blas de Lezo. Entiendo que para ellos, franquistas.

Dejándonos suponer que ellos como descendientes, las universidades, hospitales y demás fueron apareciendo por ósmosis o brotaban de la Pachamama tras los monzones. Todo por desprestigiar la España actual para diferenciarse hasta en el más mínimo detalle con su ideología de los demás. Luego hablarán de diálogo y conciliación.

Como bien digo en el título, falta amor a la patria y sobra ignorancia. La patria es cultura, la patria es raza, la patria somos todos, en sociedad y en la diáspora. Y si no se ama a uno solo de nosotros no se ama a ninguno.

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