Soria, el único pagano

A través de la Comisión de Economía el ministro, Luis De Guindos, informó al Congreso de que se hizo todo bien en el fallido nombramiento del ex ministro de Industria para director ejecutivo del Banco Mundial.

La oposición no se lo creyó y mantuvo sus tres hachazos al Gobierno. Uno, por nombrar y desnombrar a dedo a José Manuel Soria, como si los Ministerios fueran oficinas de colocación para ministros en paro. Otro, por mentir. Y un tercero, por la torpeza de jugarse el apoyo de Ciudadanos para la causa presidencial de Rajoy en asuntos de regeneración.

Sin embargo, erre que erre, Luis de Guindos -algo más creíble en la réplica que en la exposición inicial- se explayó en la defensa de Soria y quiso convencernos de que la propuesta de Soria para el cargo no fue política sino "técnica", por cuenta de una comisión evaluadora, por concurso abierto y en competencia con otros aspirantes (24 en una primera convocatoria antes del escándalo conocido como los papeles de Panamá y 9 en la segunda).

¿Entonces por qué el Gobierno pidió a Soria la renuncia, si todo había sido tan neutral, tan abierto y tan transparente? ¿Y por qué el hizo público el nombramiento solo cinco minutos después de la fallida investidura de Rajoy en el Congreso? Evidentemente, por estética, aunque fuese con efecto retardado, justo cuando el clamor apeló a esas razones (lo que es y lo que parece) que ni Rajoy ni De Guindos vieron ver por anticipado.

En casos así, por malas prácticas o simple tendencia a dispararse en el pie, siempre hay algún sí pero, algún paliativo, alguna vía de justificación. No estamos ante ese supuesto porque el asunto es indefendible. No hay por donde cogerlo, ante un Gobierno torpe y mentiroso, al menos en el presente episodio. Lo más desalentador es que el paso del ministro por la Comisión de Economía para explicarlo no ha servido de gran cosa. Ni Rajoy ni De Guindos van a dimitir de nada, aunque se lo hayan pedido todos los grupos, excepto PP y Ciudadanos. Ni el escándalo va a quitar ni poner a la causa electoral del PP.

En este asunto la única victima ha vuelto a ser José Manuel Soria, que era el sujeto paciente. Y no gracias a una comisión de investigación o la acción controladora del Parlamento sino a un trabajo de investigación periodística de El Confidencial, que dejó en evidencia las mentiras del Gobierno en relación al fallido nombramiento del ex ministro Soria.

Para acabarla de arreglar, el paso de De Guindos por la comisión, el martes pasado, nos deja el rastro de una estúpida polémica sobre si hubiera sido mejor tratar el asunto en el hemiciclo. Asunto de menor cuantía si lo comparamos con el espectáculo lamentable, decepcionante, penoso, que está dando este Congreso que con tanto celo defiende su derecho a controlar al Ejecutivo en funciones y tan incapaz se ve de alumbrar un Gobierno que normalice la vida política después de nueve meses de interinidad

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