Las razones de Sánchez

La participación del líder socialista en los actos electorales del pasado fin de semana ha servido para clavetear su llamamiento al diálogo entre Podemos y Ciudadanos.

Aunque ya se ha revelado imposible ("¿Nos toma por idiotas?", dice Iglesias), insiste en reclamar la remada conjunta en la causa del cambio. Es decir, sindicarse en el objetivo de descabalgar del poder al PP, descrito recurrentemente como el partido de la corrupción y los recortes, La formula pasaría por el apoyo a Pedro Sánchez en una nueva sesión de investidura.

Esa estrategia aparece contestada por los barones regionales de su partido, al secundar la alegación del presidente de Extremadura, Guillermo Fernández Vara: "No se puede gobernar con 85 diputados". Otros barones, menos atrevidos a la hora de decir en voz alta lo que piensan -apuestan por una neutralidad que permita gobernar al PP-, han filtrado a los medios de comunicación la posibilidad de poner en marcha una operación para retirarle la confianza al actual secretario general.

En mi columna anterior (¿Destronar a Sánchez?), traté de explicar por qué la rumoreada conspiración interna nunca lograría sus objetivos mediante una hipotética censura interna que, con el apoyo de una mayoría en la Ejecutiva, le sustituyese por una comisión gestora. Primero porque los números no dan. Segundo, reprobar a Sánchez es reprobar la decisión unánime del Comité Federal de votar "no" la candidatura del PP en una sesión de investidura. Y tercero, sería quebrantar antidemocráticamente la doble legitimidad (primarias y congreso federal) de la que goza el actual líder del PSOE.

Otra cosa es que esos barones críticos, incluidos los afines a Sánchez, reclamen una convocatoria del Comité Federal -bastaría que lo pidiera un tercio de sus miembros- para dar salida al debate sobre la posición del PSOE en el reto de la gobernabilidad. Es lo que seguramente va a ocurrir, cinco minutos después de que se celebren las elecciones vascas y gallegas del 25 de septiembre. Y no para destronar a Sánchez sino para debatir sobre un eventual cambio de posición.

No olvidemos que el Comité Federal es el máximo responsable de decidir la política de pactos. Si decidió después del 20-D de 2015 el "no" a Rajoy, también puede decidir ahora la abstención, tras el paso por las urnas del 26 de junio, que reforzó la posición del PP y debilitó la del PSOE.

Es verdad que tan legítimas son las credenciales del partido ganador en las urnas como las de la negativa del PSOE a apoyar un proyecto que no comparte. Ya, pero hay razones superiores a las esgrimidas por uno y otro partido. Hablamos del interés general y la razón de Estado, que son de mayor cuantía si las comparamos con las personales de liderazgo o las electorales de partido.

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