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Pablo Sabalza es escritor.

Superdotados o inteligencia fracasada

Todos somos superdotados en algo. Se trata de descubrir en qué.

James Parsons en su papel de Sheldon Cooper en la serie The Big Bang Theory.
James Parsons en su papel de Sheldon Cooper en la serie The Big Bang Theory.

Mi hijo es un superdotado. Lo sabe todo. Sumaba y restaba con dos años. Resuelve raíces cuadradas desde los cinco. Las capitales del mundo se las conoce en orden alfabético. Se leyó ‘Ulises’ de James Joyce con siete años. Quiere ser astronauta. Almorzar en Marte.

Mi hijo, oiga usted, es un superdotado.

¡Cuántas veces he escuchado esta frase! Debemos ser el país con mayor número de superdotados del mundo. Durante los años que trabajé como librero no hubo semana que no me encontrase esta sentencia.

Para el que no lo sepa (es una manera de hablar) hay niveles de superdotación.

Está la Inteligencia brillante (no alcanza la superdotación intelectual) con más de 115 de CI (Coeficiente intelectual). Representa aproximadamente el 14.31% de la población (1 de cada 7)

Luego nos encontramos la superdotación intelectual moderada con más de 130 de CI. Representa el 1.94% (1 cada 52)

Un paso más adelante hallaremos la superdotación intelectual alta con más de 145 de CI. Representa el 0.11% (1 cada 924)

Aún nos queda la superdotación excepcional con más de 160 de CI. Representa el 0.0023% (1 cada 41916)

Y por último, aquellas personas que rozan o superan el 175 de CI, también denominada superdotación intelectual profunda. Representa el 0.00002% de la población (1 cada 3.483.046), es decir, poco más de 2000 personas en todo el mundo.

Permítanme que les cuente una historia.

Hace un tiempo fui invitado como oyente a una conferencia que llevaba por título “Inteligencia fracasada”. Un profesor relataba su experiencia con un alumno. Un chico que superaba a todos sus compañeros. Un joven despierto, inteligente, muy lúcido. El protagonista dejó de asistir a clase, puesto que se aburría. Superaba a todos sus amigos. Perdía el tiempo. Las lecciones las conocía. Apenas le valía una lectura en casa para retenerlas en su cabeza.

El profesor se preocupó por él. Acudió a su casa. Le convidó a que regresase a las aulas. A que se relacionase con sus compañeros, que interactuase, que debatiese.

El joven consideró que no sólo superaba a sus compañeros sino que también dejaba atrás a los profesores.

Era el líder de su cuadrilla. El más valiente. El más seguro de sí mismo. A las chicas eso les gustaba. A sus amigos les provocaba admiración. Empezó a tontear con las drogas.  Con 23 años estaba en la cárcel. Inteligencia fracasada.

El profesor apuntaba que la persona verdaderamente inteligente es aquella que pese a tener un coeficiente estándar con las herramientas que tiene sabe sacar la máxima productividad.

Conozco varias personas muy inteligentes que el mundo de ahí fuera se los ha comido, los ha devorado.

“Valora y analiza lo que tienes y sácale provecho. Aprovecha y exprime tus recursos” apuntaba aquel  profesor.

Mi hijo es un superdotado. Lo sabe todo. Será ingeniero aeronáutico o de telecomunicaciones. El nuevo Einstein…

Me gusta una canción de Sabina en la que dice: ‘Fue a comerse  la vida y fue la vida y se lo merendó…’

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