Pablo Sabalza es escritor.

A la novia que pide limosna en la calle Estafeta

El mejor medio de hacer bien a los pobres no es darles limosna, sino hacer que puedan vivir sin recibirla.

Calle Estafeta de Pamplona.
Calle Estafeta de Pamplona.

Te mereces casarte en los sueños de todos los poemas y en las brisas de cada una de las sonrisas que cada día entregas.

Eres la casada imposible. La cuñada de la acera. La mujer del fantasma. La dividida en una. La soledad con velo.

A ti, que no cedes el altar de tu templo en la Estafeta, que te he visto en días de lluvia y frío esperar melancólica a tu amado; que te entrego cada estío unas monedas para tu inagotable boda…

A ti te entrego todas las arras de mis letras.

Nube humana. Esqueleto de leche. Estampa de mármol.

En el pasado agosto recorrí el cuerpo y las arterias y las venas de mi ciudad buscando a tu enamorado.

Entré y salí de la calle Salsipuedes y subí al caballo blanco. Trepé las piedras de las murallas y bailé con el tacón de la Taconera con solo un zapato.  

Por el día alunicé en la Media Luna y pedí en la Milagrosa un milagro y no hallé, por más que busqué, ni tu anillo ni a tu amado.

Se fue el arroz volando sin rozar tu vestido, novia disfrazada de luto blanco.

Y te quedaste perenne y presente y delicada en esa calle, en la calle de la Estafeta, en la calle de los testigos, la de los toros negros, la de los balcones rojos y blancos, la más conocida del mundo, la del humo de los pintxos, la de la marmota, la de los souvenirs, la de ‘ponme un chato’…

En ese lugar que siempre me esperas a que con una moneda siga soñando con el día de tu boda.

Novia vestida de luna, a ti te entrego cada una de las arras de mis letras.

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