Pablo Sabalza es escritor.

Los negros: héroes o villanos literarios

El verdadero misterio del mundo es lo visible, no lo invisible (Óscar Wilde).

Yo siempre he considerado que una cosa es que te gusten los churros y otra, muy diferente, es ser churrero. Uno puede acudir a un taller o a un curso de escritura creativa y acercarse de manera muy básica a la novela, al relato, al microrrelato, al aforismo, al haiku, al cuento…

En estos talleres se mencionarán a muchos autores, muchísimos. No quiero aprovechar estas líneas para mencionarles un racimo inmenso de ellos, puesto que de todos es sabido quiénes deberían estar ahora ocupando los siguientes renglones.

Y así, un buen día, después de haber aparecido día sí, día no a los cursos literarios ofrecidos por el ayuntamiento, la empresa  o la asociación de vecinos de turno vas y escribes un libro.

Una obra que no hay por dónde cogerla. Con innumerables errores ortográficos. Con aquí pongo una coma y ahí quito un punto porque lo veo bien así. Unos personajes que no te transmiten nada. Una línea argumental que es de risa. Lees y no sabes si estás en la historia de la página anterior o es una nueva trama.

Amigos, lecturas raras, estropeadas, descuidadas. Sin lo que yo llamo, swing.

Todos hemos leído alguna de estas obras.

Pero (sigamos con mi historia) da la casualidad que ese libro o esa obra se publica. No te lo crees ni tú. Saboreas  el éxito literario. ¡Bravo! Escritor/a de moda. Has escrito una obra erótica, social, del arte románico de tu pueblo mezclado con intriga…lo que quieras. Y claro, al cabo del tiempo, debes escribir otra obra. Una novela que te solicita la editorial y que sirva para que aquellos voraces lectores sigan comprando tus creaciones.

Empiezas con la primera página y te das cuenta de que lo único que sale de esa máquina de escribir que te compraste para ir de escritor por la vida es una auténtica mierda.

Y, claro, te agobias. Y sigues pensando en una trama que no tiene ni pies ni cabeza.

Y ahí, justamente ahí, es donde aparecen (aparecemos) los héroes o villanos de la literatura. Los negros.

Escritores fantasmas que, como su nombre indica, nadie sabe de ellos, de nosotros.

Parece ser que el nombre de negro procede de los escribientes de Alejandro Dumas, nieto de una mujer negra, y a los que la gente denominaba ‘los negros del negro’. Llegó a tener unos 76 negros literarios. Recogía datos, trazaba esquemas y esbozaba tramas, pero eran los negros los que escribían. Existen varias anécdotas al respecto. Se cuenta que en una ocasión le preguntó al hijo: «¿Has leído mi nueva novela?». A lo que el hijo contestó: «No, ¿y tú?».

La labor de los negros abarca todo tipo de textos: memorias, biografías, ensayos, monografías, guiones, tesis, materiales académicos de distintas disciplinas, textos empresariales o de organizaciones sociales, políticas, sindicales, discursos, etc.

Muchos autores ahora reconocidos y respetados sobrevivieron como negros literarios: el padre del terror cósmico H.P. Lovecraft, por ejemplo, se dedicaba a escribir novelas de ciencia-ficción en cadena para Harry Houdini. Otros nombres que se dedicaban a escribir en la sombra son los de Paul Auster, Sánchez Piñol, José Luis Coll, Andrés Trapiello, Rocangliolo o el mismísimo Antoine de Saint-Exupery, de quien se llega a afirmar que escribió su obra El Principito(bien saben que es mi libro preferido) por encargo.

Algunos autores no tienen reparos en admitir que sus libros los han escrito negros. Es el caso, por ejemplo, del madrileño Sánchez Dragó, que, a pesar de haber sido negro literario durante su juventud, no duda en afirmar en una entrevista que a él le preparan los libros y él sólo los firma, a pesar de que ni siquiera ha leído el último.

¿Saben que William Shakespeare pudo no existir? Quizá, en realidad, se trataba de un seudónimo de un noble que quería publicar su obra bajo anonimato o la obra de un grupo de escritores que pretendían cambiar la sociedad a través de un personaje creado por ellos, el mismísimo Shakespeare. Esta historia también la he oído de Borges, no se crean.

Regresemos a la historia que les contaba.

Has escrito, perdón, te han escrito tu próxima novela (¡ay, si yo les contara!). Una obra muy bien elaborada, trazada y narrada. ¡Bravo! Éxito seguro.

Les voy a decir algo…

Puedes nacer con talento para escribir, ésa es la parte innata, y podrás desarrollarla con esfuerzo y las herramientas que proporciona el mundo en el que vivimos como los talleres de escritura creativa. Pero si careces de ese talento (lo de los churros y el churrero), por muchos cursos de escritura y tertulias literarias en que participes, jamás lograrás la excelencia en las letras.

Podrás escribir libros, claro está, pero no serás un escritor.

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