Pablo Sabalza es escritor.

Carta a mi padre, Luis Sabalza

Te escribo desde el palco más bello que existe en mi isla, la playa de Las Canteras.

Pablo y Luis Sabalza, en una imagen juntos en el estadio de El Sadar de Pamplona.
Pablo y Luis Sabalza, en una imagen juntos en el estadio de El Sadar de Pamplona.

Y si me vieses ahora encontrarías a tu hijo deshojando una margarita por ti.

En estos días te enfrentas a un reto, a un gran partido.

Sé que es tu pasión, tu ilusión y por eso deseaba con todas mis fuerzas que ganaras las elecciones a la presidencia de Osasuna.

Y te lo mereces, ya que considero que has sido el jugador más importante desde hace tres años.

Yo he visto cómo paraste la desaparición de un club con casi cien años de historia; y cómo defendiste en los tribunales la honra de un escudo y así metiste el gol más importante de la memoria de nuestro equipo que fue el de su salvación.

Deshojo, papá, deshojo una margarita por ti.

Oteo, más allá de estas olas, al abuelo que coge la mano de su nieto y se dirige a El Sadar.

Oigo a los niños aplaudir a los once que saltan al campo. El rugir traspasa los montes y las olas del mar.

Hasta mi isla arriba este indescriptible rumor.

Son cosas mías o se están vistiendo las nubes de un cierto arrebol…

A veces pienso en Sangüesa, nuestra ciudad, y sonrío.

Tras haber interpretado, Luisito, durante tantos años en el Misterio de Reyes a Melchor recuerdo que, tras el partido en Sabadell (deshojo otro pétalo de esta margarita por ti) y conseguir mantenernos en la categoría, me apuntaban nuestros sangüesinos:

-¿Acaso lo dudabas?  ¿Pensabas que no nos íbamos a mantener? Escucha, Pablico, escucha, ¡que tu padre es rey, eh, que tu padre es rey!

Me doy cuenta de lo que es el fútbol. Todo lo que rodea y conmueve.

He pasado de ser escritor a ser el hijo del presidente. Desaparecieron mis libros de un plumazo ante tan magno título.

Durante estos años en los que has asumido la presidencia de nuestro equipo he sufrido mucho. Esto es el osasunismo, ¿verdad? Disfrutar y sufrir.

No me gusta verte padecer. No me gusta. Ya sabes cómo soy.

Yo solo quiero que entre la pelotita en la portería contraria. Nada más.

Un golito tonto. Un rechace, una carambola, un tiro al poste y que la pelota vaya a la red. ¿Es tanto pedir?

Y así ver la alegría inundar el estadio; y la tuya que sé que es la de todos los aficionados.

Y así deshojo, poco a poco, sonrisa a lágrima, una margarita por ti.

Este pasado agosto tuve la oportunidad de acompañarte en el primer partido de la temporada.

Volví a ser un niño contigo de la mano. Buscaba con la mirada el lugar del estadio en el que ayer nos sentábamos y comíamos en el descanso aquel infantil bocadillo.

A mi memoria llegaba Bustingorri, Pizo, Martín, Castañeda

Nuestros abrazos. Las tardes gloriosas. Las lluvias. Mi nariz roja y fría. El vaho.

La noche echándose en El Sadar y el regreso a casa tras una victoria.

Son cosas mías o el cielo entero ya es solo una nube pintada de un cierto arrebol…

Yo no quiero pero quiero.

Esta sensación mía de verte feliz pero a veces sufriendo me provoca un sabor agridulce, como si degustase al mismo tiempo una fresa y un limón.

Me voy despidiendo, papá.

En mi mano sostengo el tallo de lo que fue una margarita que fui deshojando en esta carta que navega hacia ti.

Apenas un pétalo me queda. Una hoja paciente. Un sentimiento nuevo. Una sonrisa perenne. Una lágrima de emoción.

Desde el palco de mi isla y bajo un cielo pintado de un cierto arrebol estoy esperando para cantar contigo en este partido que juegas, yo que tanto te admiro, el último gol

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