Pablo Sabalza es escritor.

¡'Cobras', Chenoa, ha habido muchas!

Ofrecer amistad al que pide amor es como dar pan al que muere de sed.

Momento del abrazo de Chenoa a Bisbal durante el concierto de Operación Triunfo, el Reencuentro.
Momento del abrazo de Chenoa a Bisbal durante el concierto de Operación Triunfo, el Reencuentro.

Una cobra, tal y como apunta el diccionario de la RAE, es una serpiente muy venenosa que ensancha lateralmente la piel del cuello para parecer más grande y amenazadora.

Y yo, añado…y mueve ese cuello de manera rápida de adelante hacia atrás.

Coloquialmente, se llama ‘hacer una cobra’ al movimiento irrefrenable de querer besar a alguien y ese alguien eche su cuello hacia atrás impidiendo así tan ansiado deseo.

Uno hacia adelante. Otro hacia atrás.

A mis cuarenta años recuerdo una derrotada cobra que tuvo lugar en mi adolescencia que con poco gusto y ningún anhelo llevé a mi casa.

Desde entonces, he sido pesado como un elefante, risueño como una hiena, simpático como un poni, hablador como un loro, reservado como un búho, sorprendente como un unicornio, compañero como un perro y soñador como un oso hibernando pero ya nunca más he sido una cobra…¿o, quizás, sí?

En el mundo de la literatura también han existido amores imposibles que tristemente para los personajes pero afortunadamente para los lectores han quedado por siempre en nuestro recuerdo.

Así, encontramos la obra de William Shakespeare, ‘Romeo y Julieta’. Esas dos familias enfrentadas como son los Capuleto y los Montesco y sus dos jóvenes enamorados. Romeo, desterrado y enamorado, y Julieta, desesperada sin su amado, padecen el peor de los finales.

Lo mismo que mi buen amado ‘Werther’ del que ya les hablé en semanas pasadas e invito a que sigan en mi blog. Este sí que padeció una cobra, pero una cobra vital.

Milan Kundera en ‘La insoportable levedad del ser’ también hace acopio del amor inalcanzable de la mano de sus dos protagonistas, Tomás y Teresa. Él, necesitado de acostarse, conquistar y descubrir a un abanico inmenso de mujeres. Ella, rendida a él. Se casan, intentando encontrar un amor que nunca llega, ya que la infidelidad está presente en cada beso, en cada pliegue del vestido, en cada mirada que se cruza pese al amor que se otorgan.

Conocen la obra de ‘Lolita’, ¿no? Tras la muerte de su mujer, un tipo llamado Humbert, se obsesiona de su hijastra de doce años hasta casi perder el juicio. Ella abandona su inocencia. Un clásico de Vladimir Nabokov.

¡Ay, estos amores…!

Y si les digo..¡ A Dios pongo por testigo qué jamás volveré a pasar hambre!  A que ya saben a qué me refiero! Seguramente, les venga a la memoria más la película protagonizada por Vivien Leigh y Clark Gable (con su halitosis incluida), que el libro de Margaret Michel. Una joven llamada Scarlett está perdidamente enamorada de un soldado que responde al nombre de Ashley. Éste, a su vez, se casa con una mujer, Melania. A todo esto llega Rhett, es decir, Clark Gable, que a su vez se enamora de Scarlett. Un buen libro y una buena película. Pero menudo amor…

Y así puedo hacerles una larga ristra de títulos donde los partícipes de las historias de amor nos harán suspirar, perder el aliento y desear vivir esa emoción que nos desgarra el corazón por dentro y nos hace jirones nuestros sentimientos hasta el punto de enloquecer.

‘El penúltimo sueño’ de Ángela Becerra o ‘El cuaderno de Noah’ de Nicholas Sparks o ‘Los puentes de Madison’ de Robert James Waller o ‘Como agua para chocolate’ de Laura Esquivel o ‘Arráncame la vida’ de Ángeles Mastretta o ‘La dama de las camelias’ de Alejandro Dumas o ‘Postdata: Te quiero’ de Cecilia Ahern…

¿Cerramos este escrito con un beso? Pero no me hagas la cobra, ¡eh!

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