Pablo Sabalza es escritor.

A veces un cielo

La vida es una canción
que yo tarareo.

Las teclas de un piano
Las teclas de un piano

Hace muchos años una radio local Navarra me invitó a que compilase las quince canciones de mi vida para hacerme una entrevista. Yo era un joven estudiante que vivía en Francia y que me dejaba caer en verano por mi tierra algo más de lo que lo hago ahora.  Leía versos de Rimbaud, autor al que he venerado siempre, cada mañana en el desayuno.  Versos como…

La estrella lloró rosa, prendida de tu oído,
el infinito, blanco, roló por tus espaldas, 
el mar tornasoló pelirrojo tus tetas
y el hombre sangró negro por tu flanco de diosa.

Eran tiempos, como apuntaba el mencionado poeta, en los que iba por ahí con las manos metidas en los bolsillos rotos hasta tal punto que mi abrigo se volvía ideal.

Las quince canciones que me solicitaron desde la radio amiga no debían ser ésas que más me gustasen sino aquéllas que me evocaran  momentos de mi vida imposibles de olvidar.

Cuán importante es la música en nuestras vidas, ¿verdad?

El próximo miércoles 21 de junio celebraremos el Día Internacional de la Música.

A pesar de tener un título de Día Internacional, este día aún no ha sido unificado alrededor del mundo y tiene variaciones en cuánto a su nombre y fecha.

Iniciada en Francia en 1982 como “Fiesta de la Música” e instituida como celebración europea en 1985 (Año Europeo de la Música), cada solsticio de verano, el 21 de junio, la Unión Europea celebra una jornada destinada a promover el intercambio cultural entre los pueblos, el trasvase musical de unos territorios a otros.

Su objetivo es promocionar la música de dos maneras: la primera, que los músicos aficionados voluntariamente salgan a tocar a la calle. La segunda es con la organización de conciertos gratuitos, en los que el público tenga la oportunidad de presenciar sus artistas preferidos sin importar estilo ni origen.

Tardé un par de meses en recopilar las quince canciones.

‘The final countdown’ de Europe; ‘La vie en rose’ de Edith Piaf; ‘Papá cuéntame otra vez’ de Ismael Serrrano; ‘Pero a tu lado’ de Enrique Urquijo; ‘Out of time’ de The Rolling Stone; ‘El unicornio azul’ y’ Ojala’ de Silvio; Canon en re mayor de Pachelbel … así hasta quince.

Cada una de ellas ligada a un momento de mi vida, a una persona, a mil sonrisas, a varias lágrimas.

Desde ese día cada vez que tengo un momento especial en mi vida, bueno o regular, lo vinculo a ese latido emocional y/o personal que me da la música y así, de manera inevitable, le pongo banda sonora.

Te invito a ti, mi querido lector/a de Navarra.com, que te pares a pensar en cuáles son las quince canciones de tu vida.

El próximo miércoles 21 de junio es el día de la Música y bien se merece, por todo lo que nos ha acompañado en nuestra vida, celebrarlo junto a ella.

Hoy, la melodía vital que tarareo, es la canción ‘A veces un cielo’ de Luz Casal. Es, sin ninguna duda, una “canción” muy importante para mí.

Me despido con un poema de Arthur Rimbaud titulado ‘A la música’ en el que describe todo lo que observa con música de fondo…

A la plaza que un césped dibuja, ralo y pobre,
y donde todo está correcto, flores, árboles,
los burgueses jadeantes, que ahogan los calores,
traen todos los jueves, de noche, su estulticia.

-La banda militar, en medio del jardín,
con el vals de los pífanos el chacó balancea:
-Se exhibe el lechuguino en las primeras filas
y el notario es tan sólo los dijes que le cuelgan.

Rentistas con monóculo subrayan los errores:
burócratas henchidos arrastran a sus damas
a cuyo lado corren, fieles como cornacas,
-mujeres con volantes que parecen anuncios.

Sentados en los bancos, tenderos retirados,
a la par que la arena con su bastón atizan,
con mucha dignidad discuten los tratados ,
aspiran rapé en plata , y siguen: «¡Pues, decíamos!…»

Aplastando en su banco un lomo orondo y fofo,
un burgués con botones de plata y panza nórdica
saborea su pipa, de la que cae una hebra
de tabaco; -Ya saben, lo compro de estraperlo.

Y por el césped verde se ríen los golfantes,
mientras, enamorados por el son del trombón,
ingenuos, los turutas, husmeando una rosa
acarician al niño pensando en la niñera…

Yo sigo, hecho un desastre, igual que un estudiante,
bajo el castaño de indias, a las alegres chicas:
lo saben y se vuelven, riéndose, hacia mí,
con los ojos cuajados de ideas indiscretas.

Yo no digo ni mú, pero miro la carne
de sus cuellos bordados, blancos, por bucles locos:
y persigo la curva, bajo el justillo leve,
de una espalda de diosa, tras el arco del hombro.

Pronto, como un lebrel, acecho botas, medias…

Reconstruyo los cuerpos y ardo en fiebres hermosas.
Ellas me encuentran raro y van cuchicheando…
Mis deseos brutales se enganchan a sus labios…

*A ti. A veces un cielo.

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