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Txema Sexmilo, narrador y entrenador de tenis a partes iguales

Por La voz de los lectores 16 Diciembre, 2017 - 11:01

Carta enviada por Daniel Ramírez García-Mina. 

Txema Sexmilo, narrador y entrenador de tenis que se jubila.
Txema Sexmilo, narrador y entrenador de tenis que se jubila.

Hágase una pregunta: “¿Recuerda la primera vez que vio a Txema Sexmilo?”. Seguro que le asaltan mil recuerdos, cientos de anécdotas, algún chiste, pero no logrará rescatar ese primer instante. Lo imaginará en chándal, con las manos apoyadas en un carro lleno de bolas teñidas por el polvo de arcilla. Decían que, en las horas crepusculares, el batín y la manta eran una prolongación del cuerpo de Pío Baroja. Con Txema, Chema, Txesmi, José Mari para los más pudorosos, ocurre algo similar: el chándal, el carro y la raqueta son una parte más de ese entrenador de tenis que, en pocos días, se jubila tras treinta años de trabajo en el club.

Lo veo rodeado de niños y adolescentes, felices de que el apellido de su entrenador empiece por “Sex”, un pasatiempo demasiado suculento cuando todavía se tiene abril en los ojos. También lo atisbo a las puertas de cualquier pista, contando alguna historia… Porque Txema es narrador y entrenador a partes iguales. Yo me quedo con lo primero, teniendo en cuenta los pocos partidos que pudimos ganar o “zafar” juntos –esto si nos ceñimos al argot tenístico–.

Txema Sexmilo es el tipo que a muchos nos gustaría encontrar a la luz de la chimenea, con una buena copa de por medio. Tiene talento para hilvanar el recuerdo, para tejerlo y colgarlo de la pared de la pista, para regalar a sus alumnos el cine de lo vivido con sentido del humor y ritmo vertiginoso. En los últimos años, convencido de este que escribe poco tenía que rascar en una pista, convencido él de esto mismo, hemos acabado en dos sillas con una mesa de por medio. A discutir. Música, política, idiomas, cualquier cosa.

“Me hubiera encantado ser periodista”, cuenta en más de una ocasión. Quizá incluso le haya escuchado decir aquello de “periodista frustrado”. Pero nada de eso. Véase sus artículos en prensa o sus ratos con Javier Saralegui en Onda Cero. Txema puede arreglarte el día con una crónica de este calibre: “¿Sabías que en el Club de Tenis las piscinas estuvieron divididas por sexo? Solía venir un miembro del obispado a comprobar que el seto que las separaba fuera lo suficientemente frondoso como para evitar miradas furtivas”.

La primera vez que vi a Txesmi de juevintxo, siempre a orillas del bar Fitero, le dije: “¡Vas de secreta!”. Hasta entonces, y lo conocía desde hacía más de una década, siempre lo había encontrado en chándal. Nuestro encuentro era una faena para mis amigos y para los suyos. Empezábamos a charlar hasta que nos abandonaban a uno y a otro. Seguimos haciéndolo.

Sirva este folio como recuerdo a nuestro querido entrenador. Quizá pudiéramos tacharlo incluso de “imprescindible”. Viene a pelo esta anécdota: hace siete u ocho años un compañero de equipo iba a empezar la carrera en San Sebastián. Txema le aconsejó seguir entrenando allí en la medida de lo posible. Mi amigo, empezado el curso, pasó por la pista un viernes y le dijo: “He hablado con el Sexmilo de San Sebastián y me ha dicho que no hay problema”. Fíjense: “el Sexmilo de San Sebastián”. En el subconsciente, no concebimos que un día aparezca un entrenador que no sea José Mari Sexmilo.

Querido Txema: el equipo absoluto del Club de Tenis Pamplona –en el que todavía me incluyo a pesar de que me hayan dejado sin chándal– te desea lo mejor para esta nueva etapa que empieza. No te echaremos de menos. Ahora disponemos de más tiempo para exprimirte.

Carta enviada por Daniel Ramírez García-Mina, periodista.

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Txema Sexmilo, narrador y entrenador de tenis a partes iguales