Párroco de San Lorenzo en Pamplona. Delegado Episcopal de Religiosidad Popular. Delegado para el Año Jubilar del Año de la Misericordia. Director de Espejo de la Iglesia en Navarra en Cope. Miembro del Equipo de la Linterna de la Iglesia en Cope Madrid.

¡Viva San Fermín! ¡Y sólo Él!

Llegan las fiestas patronales y ante estos días algunos que están de paso obvian lo que ha sido la marca histórica de nuestras fiestas durante siglos: San Fermín.

La procesión de San Fermín recorre las calles del Casco Antiguo. PABLO LASAOSA 19
La procesión de San Fermín recorre las calles del Casco Antiguo. PABLO LASAOSA 19

Pese a la secularización, y también a otras presiones y pretensiones políticamente sectarias, la fiesta sigue siendo religiosa en sus inicios y también en sus finales.

Las vísperas, desde tiempos inmemoriales, son los primeros compases de una ciudad que coloca a los pies del Santo Patrón (de Navarra y por lo tanto también de Pamplona) sus mejores deseos de paz, alegría, jolgorio y fiesta.

La aurora, siempre madrugadora y acompasada, despierta a la vieja ciudad de Pamplona para que sus ojos se eleven a lo más alto del cielo y, en ese ancho universo, descubran a un San Fermín que sigue protegiendo a su ciudad con el mismo empeño evangelizador que lo hizo ante el pocico de San Cernin.

¿Y la procesión? ¡Ay la procesión! Sobran chisteras descubriéndose, ademanes buscando populismos o aplausos a los ediles (sean del color que sean). Todas las muestras de afecto han de ser y deben de ser para que aquel que cristaliza en cada mañana del siete de julio los más limpios, entrañables y profundos sentimientos cristianos de Pamplona: San Fermín.

Algunos olvidarán que van detrás de un obispo; otros, desde su afán laicista que no cuela, nos dirán que es desfile cívico (tal vez ajenos a las cruces, cofradías, sacerdotes, Cabildo, Corte, Obispo y Santo que van delante). Otros, la gran mayoría, mirarán a San Fermín y con lágrimas en los ojos le dirán lo que tal vez algunos, como regidores que son de toda la ciudad, debieran pensar ante  el morenillo, en el III Centenario de su Capilla, que han de desaparecer las ideas y hasta las personas en estos días para convertirse el cargo en representación de todos. También de los que creen y no sólo de los que no creen.

Finalmente, con la misa del Santo Patrón, el Cabildo Catedralicio seguirá haciendo promesa de mantener firme el voto de tiempos pretéritos. Hubo y sigue habiendo muchas pestes que debilitan y ponen en riesgo la paz y el consenso social de nuestra tierra y de nuestro pueblo. No son como las de tiempos pasados pero, en algunos aspectos, son más incisivas, persistentes, disfrazadas y más contumaces que las que afectaban al cuerpo.

La ofrenda infantil, el día de los mayores, la Octava como broche de oro y la Capilla abierta de par en par recibiendo a miles a devotos con diferentes sensibilidades, nos recordarán lo que algunos olvidan: San Fermín sigue siendo algo grande para la mayoría de los ciudadanos de Pamplona y otros tantos miles de toda Navarra.

¿Que se puede mejorar la fiesta? ¡Ciertamente! ¿Que San Fermín no puede ser excusa para la debacle de un sistema de valores que debieran darse en estos días? ¡Por supuesto! Ojala que el Año Jubilar de San Fermín que iniciamos el día 7 contribuya en la recuperación y consolidación de esos aspectos genuinos y singulares de los cuales, una auténtica fiesta patronal, jamás debiera haberse separado: respeto, dignidad, limpieza, no agresiones y dejando a un lado colores y siglas. Para ello ya tenemos el resto del año. Dejemos a San Fermín ser él por unos días. ¿O también queremos colocarnos en el centro de la fiesta?

¡Viva San Fermín!

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